19/05/2013

HISTORIAS. ¿Por qué no miramos las predicciones de Puertos del Estado?



Las previsiones de oleaje, que consultamos a través de Internet, se obtienen principalmente a partir de los datos medidos por la red de boyas que Puertos del Estado tiene ubicadas en diferentes puntos de la costa española.

Dicha red está compuesta por dos tipos de boyas: las situadas en aguas profundas y las ubicadas en aguas costeras.

La red de aguas profundas está formada por un total de 15 boyas, ubicadas en puntos en los que la profundidad supera los 400 metros. A estas profundidades el oleaje nunca se ve afectado por la geometría y forma del fondo marino, de modo que, y gracias a que dichas profundidades en la península se encuentran a una cierta distancia de la costa, los datos que proporcionan estas boyas resultan representativos para amplias zonas del litoral. Frente a la costa gallega tenemos ubicadas dos de estas boyas, la de Cabo Vilano (que caracterizada toda la costa atlántica gallega) y la de Estaca de Bares (para la Mariña lucense). Entre otros parámetros, las boyas miden altura del oleaje, periodo, dirección del oleaje, temperatura del agua y del aire, salinidad o presión atmosférica.

La red de aguas costeras está compuesta por un total de 21 boyas. Las mismas se ubican en aguas someras, en donde el oleaje sí que es alterado por la batimetría del fondo. Por ello, y a diferencia de las de aguas profundas, sus datos no son extrapolables directamente a otras zonas de la costa, y son sólo válidas para el lugar en que estas se ubican. Estas boyas miden fundamentalmente condiciones de oleaje: altura, periodo y dirección. La más cercana a nosotros es la denominada boya de A Coruña, situada en la entrada de las rías de A Coruña y Betanzos, a una profundidad de 50 metros. Recientemente dicha boya ha sido sustituida por una boya virtual: gracias a la experiencia de muchos años de mediciones el elemento físico ha sido sustituido por un punto virtual, del que se conocen sus datos en tiempo real, propagando el oleaje medido en Cabo Vilano hasta esta ubicación. Hace unos días Puertos del Estado ha ubicado frente a Langosteira una nueva boya de aguas someras, que además de los datos de oleaje, proporcionará también información atmosférica.

Pero la red de medidas no concluye con las boyas de medición de oleaje. A lo largo de toda la costa existe una red de mareógrafos compuesta por 36 equipos, cuya misión es medir el nivel del mar a tiempo real. Los mareógrafos determinan el nivel del mar mediante un radar capaz de medir las diferentes frecuencias de las ondas que existen en el mar: marea, oleaje, onda larga y cambio climático, fundamentalmente.

Existen otros equipos más innovadores que también forman parte de esta red, como son los radares de alta frecuencia, actualmente en desarrollo, y que resultan útiles para la medida de corrientes en superficie.

Los datos obtenidos por estos equipos de medida son los que alimentan los modelos de predicción. Se trata de modelos numéricos que permiten establecer predicciones fiables en un periodo máximo de 72 horas. Predicciones con un arco temporal mayor, de más de 3 días, tienen un grado de inexactitud muy elevado, y por tanto no deberían ser tomadas en cuenta. Esto es debido a que las previsiones se establecen en base a una serie de variables atmosféricas, las cuales se caracterizan por su gran capacidad de variabilidad. A medida que el arco temporal se abre la capacidad de variación de estas variables es mayor, y por tanto resulta más difícil de fijar un comportamiento a futuro que sea fiable. 

En un ejercicio de transparencia, Puertos del Estado tiene la buena práctica de comparar sus previsiones con los datos reales medidos por las boyas, e informarnos así, en cierto modo, de la bondad de sus predicciones, o de cuanto han acertado o se han equivocado.

El sistema Portus, implantado por Puertos del Estado, es la única plataforma que ofrece toda la información que proporciona esta red de medidas, que al ser la única, es además la que emplean otras páginas de predicción para ofrecer sus previsiones.

Y entonces, siendo la información que nos ofrece Puerto del Estado la más fiable de todas las que podemos consultar, ¿por qué de modo mayoritario utilizamos otras páginas de predicción que nos ofrecen datos de peor calidad?

En mi opinión la clave está en la accesibilidad y facilidad con la que llegamos a los datos y en cómo éstos se nos muestran. 

Si he de definir con una sola palabra el modo en como se accede a las previsiones de la página web de Puertos del Estado, he de emplear la palabra "complicado", o al menos no tan sencillo como en otras páginas. En los últimos meses se le ha dado una vuelta al modo de presentación de los datos, resultando estos más gráficos y simples, aunque se debería de mejorar el modo de llegar a ellos.

Puede que el que se proporcione un contenido más denso y preciso que en otras páginas, con por ejemplo las distintas componentes que forman el mal total, juegue también en su contra. Tal vez sean demasiados datos e información que interpretar, cuando el usuario normal lo que demanda son datos sencillos y directos. Tal vez debería de haber dos modos de información: uno básico, y otro más profesional que contuviese todos los datos.

Creo que la escala temporal de la información que se nos ofrece, en un ejercicio de seriedad, también juega en su contra. El querer ser tan precisos lleva a que se ofrezcan predicciones muy detalladas pero sólo a tres días (que por otro lado, como ya comentamos son las únicas que se pueden ofrecer con una cierta precisión). El no ver de un solo vistazo lo que ocurrirá en los próximos seis días, aunque sepamos que a partir del cuarto la realidad se pueda parecer poco a la previsión, hace que la presentación también nos resulte menos atractiva. Nos gusta saber como será el futuro, aunque la predicción que nos ofrezcan sea poco exacta. 

Posiblemente para mejorar esta accesibilidad, Puerto del Estado ha desarrollado una aplicación para que sus previsiones sean consultadas desde móvil. La aplicación, llamada iMar, se puede descargar gratuitamente tanto para iphone como para android. Una vez descargada, el tema de la dificultad en la accesibilidad queda resuelto, ya que la aplicación te permite precisar el punto de la costa del cual queremos conocer la predicción. Los datos que la aplicación nos proporciona son los del punto más próximo de la red al lugar de donde queremos los datos, y muestran en una sola pantalla todos los disponibles que proporciona la red (eso sí, deberían incluir el dato de la dirección del oleaje). No existe evidentemente un desarrollo local y concreto para cada una de las playas o zonas de nuestra litoral, aunque lo más seguro es que el futuro vaya por ese camino. 

17/05/2013

HISTORIAS. El R2 por Patagonia.





Cada seis meses, desde hace al menos cuatro años, recibo en casa el catálogo de Patagonia. A pesar de tratarse de una publicación en cierto modo comercial, he conservado los catálogos por las espectaculares fotos que siempre incluyen y por los artículos sobre los proyectos medioambientales en los que participa la marca, y que definen en buena medida su imagen y objetivos corporativos.

Conocí Patagonia hace años a través de Claire Karabatsos, una de las primeras embajadoras de la marca en Europa, y quedé totalmente convencido de sus principios y valores tras leer el libro de Yvon Chouinard "Que mi gente vaya a hacer surf", cuya lectura, por cierto, recomiendo efusivamente a todo aquel que no sólo le gusten los deportes que se desarrollan en la naturaleza, sino también para los que creen que otro mundo empresarial, basado en principios éticos firmes, es posible. 

A parte de admirar la filosofía de la empresa, y los valores de la marca, he de declararme además como un cliente convencido, sobre todo por la calidad de sus productos, cuyo uso supera la barrera de varias estaciones, algo que no debiendo de ser excepcional, no es común en todas las empresas. Una de las cosas que más me desespera e indigna como consumidor es que las cosas que compro no superen en muchos casos el año de vida, y que el calzado, la ropa, o los trajes de neopreno, dejen de cumplir completamente su función por roturas y desgastes parciales que no son proporcionales al uso recibido. 

Además la calidad técnica, y el esfuerzo por innovar de la casa, es excepcional, lo que te asegura que una prenda Patagonia no sólo será durable, sino que también incorporará los últimos avances para hacerla además fiable y cómoda. 

Menos importante no es su compromiso medioambiental Además de destinar el 1% de su facturación a proyectos y organizaciones medioambientales, uno de los principios de la empresa es la introducción en  su producción de materias primas naturales, adquiridas bajo criterios éticos y justos, y materiales reciclados que reduzcan la huella de su producción.

Algunos, sin embargo, apuntan como negativo el coste de sus productos. Puede ser, si nos fijamos únicamente en el precio de venta, que sus prendas nos puedan parecer caras, sobre todo las más técnicas. Pero la realidad es que no lo son tanto con respecto a otras marcas más "comerciales" y de peor calidad. De hecho si lo valoramos a largo plazo, y lo miramos en perspectiva, sus productos llegan realmente a resultar, gracias a su durabilidad, más baratos que los de otras marcas, con la ventaja además, de haber podido disfrutar de un producto excelente, con las más nuevas innovaciones técnicas, durante todo ese tiempo. Otra cosa es que nos dejemos llevar por las modas, que nos incitan continuamente a cambiar temporada tras temporada. Pero si quieres que algo como buenas prescripciones y que dure, ellos son una buena opción. 

Por eso, cuando Jake Setnicka, director de surf de Patagonia en Europa, me envió un mail invitándome a probar uno de sus trajes de neopreno a cambio de una crítica sincera, no pude más que alegrarme.

El traje lleva conmigo algo más de tres meses, así que he tenido tiempo de sobra para probarlo durante este invierno y primavera, y tener una idea bastante fundada sobre el mismo. El traje que me enviaron es el R2 de cremallera frontal. Está fabricado en neopreno de 2 mm con su interior en lana de merino y poliester reciclado, y aunque parezca mentira para este grosor de neopreno, el fabricante recomienda el uso del traje en aguas de entre 13 y 18 grados de temperatura.

Hasta ahora, y en invierno, el traje con el que normalmente uso es un 5/4/3 de capucha. A algunos les parecerá exagerado, pero cuando uno se acostumbra al calor, a picar las series sin sentir dolor de cabeza por el frío, y además le gustan los baños largos, un traje gordo con gorro es una excelente garantía, aunque las remontadas sean más exigentes. Así que el salto de un 5/4/3 a un 2 mm es abismal, sobre todo en cuanto a ligereza, agilidad, facilidad en la remada, ... A pesar del frío ambiental, la sensación es la de viajar a las sensaciones del verano, cuando con un traje fino te mueves mucho más rápido y con menos esfuerzo.

Así que el traje contra el que he comparado el R2 es un 5/4/3 de capucha. Para el análisis, lo que he hecho es usar ambos trajes en baños alternos. De este modo, las condiciones de uso han sido lo más parecidas posibles. Pero también les he preguntado, y observado, a mis amigos, para saber qué tal iban ellos con los suyos.

Creo que este invierno y primavera han sido especialmente gélidos, por lo que el traje lo he probado con temperaturas de agua y ambiente más bien fríos. De hecho los días especialmente fríos he comprobado que la temperatura del agua llegó a alcanzar los  12,8º, es decir, en el rango bajo de uso del traje.

Como punto de partida, pedirle a un 2 mm sin capucha el mismo confort térmico que a un 5/4/3 con capucha, resulta excesivo, sobre todo porque la cabeza es una de las partes del cuerpo por donde más rápido se pierde calor. Las principales diferencias entre ambos trajes las he notado los días de viento frío de cierta intensidad y tiempo entre series de olas prolongados, que le llevan a uno a estar mucho tiempo esperando sentado sobre la tabla. Pero por otro lado, y viendo a mis compañeros de baño, con trajes sin capucha, pero de grosores considerables, la realidad es que todos estábamos igualmente helados tras un cierto tiempo en el agua. Posiblemente si el R2 llevase capucha, el comportamiento de ambos trajes fuese más similar. Seguramente con el R3 con capucha se superase holgadamente al 5/4/3.

Los días sin viento, la cosa cambia totalmente, y el 2 mm es casi comparable al 5/4/3 con capucha, y similar a un 5/4/3 o a un 4/3 sin capucha, aunque con las ventajas que el menor grosor supone en cuanto a ligereza y agilidad. Esos días, aunque el agua estuviese a 13 grados y el cielo nublado, he estado tanto tiempo, o más, que mis amigo en el agua, y sin frío.

Todas estas buenas sensaciones tienen su explicación en la descripción técnica del traje. El interior de lana de merino resulta muy cómodo y agradable. La sensación es la misma que con cualquier otro traje, aunque el contacto con la lana lo hace más confortable y sobre todo cálido. El sistema de cierre del cuello es buenísimo. La doble solapa hace que no entre ni una sola gota de agua, incluso en las caídas más fuertes. Los puños y tobillos están planchados con calor, y diseñados para reducir la entrada de agua e impedir que se suban. Y realmente lo consiguen. 

Y por último la gran ventaja, que espero que el tiempo me permita comprobar. Según Patagonia, una de las principales características de estos trajes es su durabilidad, lo que de ser cierto, compensaría holgadamente su precio, el cual a primera vista nos puede parecer alto si lo comparamos con los de otras marcas. Si el traje durase al menos dos inviernos, no sólo se confirmaría la mayor durabilidad, sino también un menor coste. Nos libraríamos además de la tortura a la que nos someten muchos trajes, cuyas propiedades, tras un invierno y con un uso normal, parecen diluirse en el agua tras cada baño. Porque no hay peor sensación, en mi opinión, que tener que salirse del agua no por cansancio, sino por frío, aún incluso por muy buenas que sean las olas. Y de momento el R2 está cumpliendo.

12/05/2013

HISTORIAS. Los papeles del Océano Surf Club.




Hace un par de meses Vicente Irisarri me confió las carpetas que contienen los archivos documentales del Océano Surf Club. Un archivo completado durante los más de 25 años de trayectoria del Club, y en el que están recogidos no sólo la historia de Océano Surf Club y el Pantín Classic, sino también buena parte de la historia del surf en Galicia, sobre todo la acontecida durante los últimos años del siglo pasado.

El que me haya confiado todos estos documentos para ordenarlos, clasificarlos y difundirlos, y también para obtener de ellos datos para varios de los proyectos en los estamos embarcados, es todo un honor y responsabilidad.

Se puede decir que acabo de empezar. De momento he recorrido el periodo que discurre entre 1988 y 1992. Tras una primera revisión, además de las clasificaciones completas de todas las mangas de las 25 ediciones del Pantín Classic, el archivo contiene por ejemplo todas las circulares del Club, que desde 1988, Vicente redactaba cada 2 o 3 meses, y en las que se repasaba la actualidad del surf en Galicia. En esos documentos no sólo se cuentan clasificaciones de campeonatos locales y regionales, sino también cual fue el estado de las playas, u otras noticias vinculadas con un deporte que en aquellos años vivió un crecimiento espectacular.

Pero también se conservan importantes documentos históricos, como las fichas de inscripción al campeonato de surfistas como Taj Burrow, Joel Parkinson, los hermanos Hobgood, ..., las fotos del paso de Mark Occhilupo por Pantín, noticias de prensa de la época, y hasta una crónica de un campeonato celebrado en la playa de Nemiña en el año 1975.

Cada carpeta contiene un tesoro que os iremos mostrando no sólo en desdelacroa y el blog del Océano Surf Club, sino también, espero que algún día, a través de nuestro proyecto de crear una biblioteca digital que contenga todos los fondos documentales del Océano Surf Club.

11/05/2013

HISTORIAS. El libreto.






Felip, Jaime y todo el equipo de Golfo Atlántico han tenido el acierto de recoger, en un pequeño libreto de 20 páginas, el objeto y pormenores de la exposición "Un siglo de surf", que hasta el pasado 7 de abril se pudo visitar en el Museo Marítimo de Bilbao.

"Esta exposición, la primera de su naturaleza, pretende acercar a todos, surfistas y no surfistas, al presente y pasado del surf en la costa norte, de Pontevedra hasta Irún. El surf se practica desde los años 60 en esta costa, y ha pasado de ser una mera anécdota a un deporte muy completo y con más adeptos cada día. Por ello, y aprovechando el centenario desde que Ignacio de Arana trajera una tabla y el libro "The Surf Riders of Hawaii" a Vitoria, es más necesario que nunca que los orígenes de nuestro surf no se diluyan en la oscuridad del pasado".

Un gran trabajo, de cuya magnitud se recogen en el libreto algunas de sus cifras:

6.872 km recorridos por toda la costa norte.
204 revistas y libros consultados.
5 meses de trabajo.
87 personas involucradas
124 horas de montaje.
135 objetos revisados.
+ de 500 hitos destacables.

Para los que como nosotros, llevamos un tiempo trabajando también en "sacar de la oscuridad dicho pasado", es todo un honor que se haya contado con nosotros para esta exposición, ya que en cierto modo, la misma viene a dar valor a todas nuestras investigaciones y esfuerzos por recuperar la que creemos que es una parte fundamental de nuestra historia como surfistas.

No sé si la exposición tendrá continuidad. Ojalá se pueda ver en otros lugares de la costa. Estaríamos encantados de que así fuese.

09/05/2013

HISTORIAS. Cartagena, la ciudad de los graffitis.

















Cartagena es uno de esos lugares en los que la historia parece haberse comprimido. Posiblemente las palabras "compresión" o "concentración" sean muy adecuadas para describir la realidad de la ciudad. Aquí las huellas de la historia se han superpuesto en un pequeño espacio. Una época sobre la siguiente. Las nuevas construcciones sobre las antiguas, creando un todo que, para un visitante como yo, se asemeja a un pequeño caos que de algún modo está empezando a tomar forma y orden.

Porque por lo visto, parece que en los últimos años mucha de esta historia está saliendo a la luz: debajo de edificios, en solares vacíos, mostrándose en museos. La densidad de todo lo que tiene valor es tal, que uno puede viajar de un milenio a otro tan sólo cruzando de acera.

Aunque ya iba preparado para muchas de las cosas que iba a ver, lo que no me esperaba era la variedad y calidad de los graffitis que decoran la ciudad, y que han convertido espacios degradados en lugares con un interés propio. En algunas de estas fotos hay una muestra de los que más me llamaron la atención. Ya en casa, he podido comprobar que en otras partes de la ciudad existen otros muchos también muy interesantes. Arte moderno conviviendo en armonía con el arte antiguo. Una idea desarrollada desde el Ayuntamiento de Cartagena que podría ser perfectamente exportable a otras ciudades, incluida la nuestra.

05/05/2013

HISTORIAS. Fernando Adarraga.



El avance y el desarrollo de la sociedad a lo largo de la historia ha venido impulsado, en buena medida, por la motivación y empuje de algunas personas que se caracterizan por poseer un ansia especial por avanzar y llegar a límites hasta entonces desconocidos. En muchas ocasiones esta ambición acaba superando el ámbito del logro individual, consiguiendo arrastrar en su evolución a la gente de su entorno. Esto en parte es lo que ocurrió en Galicia con la figura de Fernando Adarraga y el surf.

Persona dotada de un carácter fuerte, y una voluntad competitiva hasta entonces desconocida aquí, Fernando se convirtió pronto en la referencia a nivel gallego en cuanto a surf de competición: fue durante muchos años el indiscutible campeón gallego, fue segundo tras Jorge Imbert en la primera edición del Pantín Classic y llegó hasta semifinales en la segunda, entre otros logros. Posiblemente sus antecedentes en el mundo deportivo, concretamente en hockey sobre patines, tuvieron mucho que ver con la trayectoria que siguió la evolución de su surf. “Practico hockey desde que tengo uso de razón. De hecho no recuerdo la primera vez que me puse unos patines. A nivel deportivo comencé con el hockey a los 7 años. En Coruña, más que en ninguna otra ciudad de Galicia, hay una gran tradición a este deporte. Yo estudié en Dominicos, y allí era muy común que éste se practicase entre los alumnos. Todos mis hermanos también lo practicaron. Tras Dominicos tuve una carrera deportiva en hockey de cierto nivel, llegando a jugar en División de Honor en Dominicos.

Pero si me preguntas si tengo antecedentes familiares relacionados con el mar, he de decirte que no. Mi interés por el surf surgió por iniciativa propia.



Todo comenzó en el año 1974, cuando estaba a punto de cumplir 15 años, concretamente en agosto de 1974. Mi familia tenía una casa en Santa Cristina y un día apareció un amigo de mis padres con una tabla de surf. Cuando lo vi, me sorprendió, y recuerdo perfectamente que exclamé: “¡Anda, una tabla de surf!”. Al oír mi comentario nuestro amigo me preguntó: “¿Y tú, cómo sabes que ésto es una tabla de surf?” No recuerdo muy bien por qué, pero desde hacía un tiempo venía recopilando fotografías de surf que iban apareciendo en revistas de la época. El surf era un deporte que me atraía mucho, que me llamaba, pero que no pensaba que se pudiese practicar en Coruña.

“¿Pero que haces con una tabla de surf?” Fue lo siguiente que le pregunté. “¿Pero se puede practicar surf aquí?” Cuando me respondió que sí no salía de mi asombro.

Tras estar un rato en nuestra casa nos dijo que iba a Bastiagueiro a coger unas olas, así que le pregunté si le podía acompañar.

Cuando llegamos a la playa, y aparcamos en el parking en dónde habitualmente lo hacíamos, la verdad es que la playa me dio la sensación de que estaba como siempre. Rompían las mismas olas que otras veces había visto, tanto aquí como en Santa Cristina, y en las que siempre había pensado que no sería posible hacer surf.

Tras cambiarse y ponerse el bañador, nuestro amigo entró al agua. Estuve esperándole en la orilla mientras intentaba coger una ola. Estaba empezando, y recuerdo que no le vi coger ninguna de pie. Como mucho conseguía llegar tumbado sobre la tabla hasta la orilla empujado por una ola.



Cuando salió me preguntó si me quería meter. Evidentemente le respondí que sí. Así que cogí su tabla y entré al agua. Cuando vino la primera ola que supuse me podía llevar, remé con fuerza y no sé cómo, pero de pronto ya estaba de pie. Con aquella primera ola llegué de pie hasta la orilla. Nuestro amigo no se lo creía, y de hecho insistió en preguntarme si aquella era realmente mi primera vez sobre una tabla de surf. Pensándolo ahora, me imagino que el haber practicado hockey sobre patines me fue de gran ayuda no solo aquel día, sino también durante mi aprendizaje, ya que en cierto modo la sensación de deslizamiento y el equilibrio en movimiento ya no suponían una novedad para mí.

Tras aquella primera ola, y alguna más que le siguieron ese día, comprendí no sólo que el surf se podía practicar en Coruña, sino también que, desde aquel momento, mi interés por el surf pasaba a superar la tarea de recopilar fotos y artículos. Tenía que conseguir pronto una tabla. Porque al principio, evidentemente, dependía de nuestro amigo para poder hacer surf. Hacerme con una era prioritario. Pero mi padre no estaba muy por la labor. De todos modos, se puede decir que fui un poco desobediente, y tras ahorrar durante unos meses a escondidas, reuní las 500 pesetas que necesitaba para comprarle a Rufino la primera de mis tablas: “La Chata”. Con esa tabla fue con la que realmente comencé a hacer surf. En ese momento fue cuando contacté y establecí relación con Rufino, Tito, Carlos Bremón, Luis Bericua, Miguel Camarero, … Lo común para mí era ir los fines de semana al Orzán, a las 9 de la mañana, con la tabla. Pertenecíamos a la Sociedad Deportiva El Orzán, y teníamos un local en donde podíamos guardar las tablas y cambiarnos. Si no había olas allí lo que tocaba era esperar a que apareciese alguien con un coche para coger rumbo hacia alguna playa: Malpica, Razo, Barrañan, Sabón, … Yo, que era considerablemente más pequeño que ellos, me sentía era como una pegatina al que llevaban a todas partes. Y la verdad es que siempre se portaron fenomenal conmigo.

Mi evolución fue rápida, aunque pasando por las mismas fases que todo el mundo. Primero sólo cogía espumas, recto hasta la orilla, hasta que clavaba literalmente las quillas en la arena. Después llegaron las primeras paredes, en donde Carlos Bremón era mi referencia. Y después las maniobras, tras ver como la gente subía y bajaba por la pared aprovechando toda la fuerza de la ola.

“La Chata” fue mi tabla durante unos cuantos años hasta que rompió. Recuerdo perfectamente el día, ya que fue uno de los de luto oficial que se estableció tras la muerte de Franco en noviembre de 1975. Fueron 4 días en los que nos dieron vacaciones en el colegio, y en los que tuvimos olas muy buenas. Uno de esos días, creo que el 24 de noviembre, surfeando en el Orzán, en el Bajo, una de las series más grandes me rompió la tabla en 3 o 4 trozos. Guardo aún en casa el timón como recuerdo. Aquellos primeros años entrábamos al agua evidentemente sin trajes, ya que no los había, protegiéndonos únicamente con un jersey de lana y calcetines. Aún ahora, si puedo, prefiero seguir metiéndome a pelo. El cuerpo lo acabas acostumbrando al frío, y la movilidad que te da el bañador, no se logra con un traje. Los días de viento entro con una chaquetilla o un traje corto. Pero me gusta ir a pelo. Me siento mejor y me parece más natural.



Pronto comencé a participar en competición. Gracias a mis buenas clasificaciones en los campeonatos gallegos que se organizaban una vez al año, tuve la oportunidad de viajar a otros lugares de la costa cantábrica y Canarias. Esos campeonatos me permitieron ver lo que otros surfistas, con mayor nivel que el nuestro, hacían sobre las olas. De vuelta a casa, y evidentemente, influido por ellos, intentaba reproducir lo que había visto. El primero de los campeonatos Gallegos que se organizó fue el de Nemiña de 1975. Pero no hubo olas. Así que se repitió a las pocas semanas en Barrañan. Creo que se acabó finalizando en Sabón. Recuerdo perfectamente que aquel campeonato lo ganó Carlos Bremón, con Luis Peña de segundo, David Vecino tercero, y yo cuarto. En el campeonato de 1976 se metió mucho el mar, y se hizo la final en el Orzán. Quedó primero Enrique López Ramos, que era un nadador excepcional, y yo segundo. A partir de aquel campeonato fue cuando comencé a moverme e ir a otras competiciones que se desarrollaban fuera de Galicia. Cuando fuera ves que se pueden hacer ciertas cosas, eso lo intentas hacer tú y empiezas a evolucionar. Así que pronto me di cuenta que estaba con un nivel un poco superior al de los demás, fundamentalmente porque había salido, y había visto hacer un surf de nivel superior al que nosotros practicábamos aquí. Gracias a aquel campeonato gallego de 1976 viajamos hasta Santander, en donde se celebraba el campeonato de España. El viaje lo hicimos en los autobuses Alsa, y entre otros, fuimos Vari Caramés y yo. El viaje costó, me acuerdo perfectamente, 806 pesetas. Llegamos a las tres de la mañana agotados, y claro, nos encontramos todo cerrado y sin lugar donde dormir. Al final nos acomodamos en los Cantones, y en mitad de la noche la policía nos echo. Al año siguiente, en 1977, fui solo al campeonato de España que se celebró en Asturias. En 1978 a Santander. En el 79 de nuevo a Asturias, y en el 80 de otra vez a Santander, a donde fui con Vari en su coche. En del 81 fue el mejor: a Canarias, y con todos los gastos pagados. Ese año, por decirlo de algún modo, Balbi Irisarri y yo fuimos los que nos clasificados. Digo de algún modo porque el campeonato no se llegó a celebrar. Cuando llegamos a la playa había unas olas fabulosas, por lo que antes de empezar se celebró una asamblea. Por votación, casi unánime, se decidió que quedase yo primero, y segundo Balbi “¿todos de acuerdo?”. Tras la votación nos metimos todos al agua a disfrutar de las magnificas olas que estaban rompiendo. ¡Aquella decisión casi le costó a Vari el puesto como presidente!. Del viaje a Canarias nos pagaron el desplazamiento y el hotel. En 1982 fue el ultimo año que se celebró el campeonato de España. Después de aquella edición hubo un parón en la Federación, que entonces era una sección, la de surf, dependiente de la Federación Española de actividades subacuáticas. Los campeonatos eran toda una fuente de inspiración. Ibas allí y aprendías. De hecho cuando volvía, por lo que más me preguntaban era sobre si había visto algo nuevo.



Después de “La Chata” vinieron más tablas fabricadas por Rufo. Muchas de aquellas se fabricaban en base a las fotografías que veíamos en las revistas, y que constituían casi nuestra única fuente de información, ya que las películas de surf, a medidos y finales de los 70, no llegaban hasta aquí. Pero claro, sacar el diseño de una tabla, de la foto de una revista, no era sencillo. Las revistas las conseguía a través de mi padre, que periódicamente viajaba  a Francia. De allí, además de las revistas, siempre que podía me traía algo de material, que o bien usaba yo, o vendía a los amigos. Sin películas, partiendo de las imágenes estáticas de las revistas, resultaba muy complicado aprender como se ejecutaban las maniobras básicas. Gracias a aquellos viajes de mi padre pude disfrutar también de los primeros trajes y de otro material que aquí resultaba difícil de conseguir.

De todas las tablas que me construyó Rufino, guardo recuerdo especialmente de una que me hizo de dos quillas. La había visto en una foto de Mark Richards. Yo quería una como aquella tabla, pero Rufo no lo acababa de ver. Y cambiarle sus ideas no era fácil. ¡Tú estás loco!, recuerdo que me decía. La tabla acabada, sin ser exactamente lo que tenía en mente, la verdad es que quedó muy bien. Con esa tabla, y en uno de los campeonato de España, llegué a clasificarme octavo. En una de las series que pasé, me tocó contra Merodio, que venía de ser el anterior campeón de España, y era una de mis referencias.



En 1983 Rufino dejó de hacer tablas y me hice entonces con una Victory que vi en una tienda de Pontevedra. En cuanto la vi me pareció una tabla excelente, de esas que cuando la ves dices “¡¡Esa!! Fue una tabla a la que saqué mucho jugo. Después una Hawaian Style de 4 quillas que fue la tabla con la que empecé hacer los helicópteros. Después una Pukas. Durante algunos años estuve esponsorizado por la tienda Tablas de Gijón, surfeando con las tablas portuguesas Polen. Hasta que un día llegué a un acuerdo con Gilito de Wat Say, tablas con las que sigo surfeando hoy. Las últimas tablas van pintadas con mis colores característicos y que me identifican: el rojo y el amarillo, que son los colores que mejor se ven en el mar y que más lucen en las fotos. Para el diseño me inspiré en una Mark Richards que vi una vez en Santander. Aquella tabla estaba pintada la mitad en rojo y la otra mitad en Amarillo. Me pareció una  tabla preciosa.

Ninguno de mis amigos de la infancia o la adolescencia se inició conmigo en el surf. Fui, y en cierto modo sigo siendo, un lobo solitario. Y no es que me guste hacer surf solo, ya que prefiero que alguien venga siempre al agua conmigo. Como mucho alguno de mis amigos me acompañaban hasta la playa y me filmaba, o me hacían fotos. Alguno lo probaba, pero practicarlo con asiduidad, ninguno. Cuando dispuse de coche me movía bastante, e iba a Doniños, a Pantín, … Tal vez como solía aparecer solo, siempre fui bien aceptado en todos los sitios. Bueno además eran otros tiempos, con mucha menos gente en el agua, no como ahora. Sin embargo tampoco tengo problemas. Intento coger “esa ola”, la que rompe un poco más grande, y a la que no siempre va todo el mundo, que suele preferir más cantidad que calidad.

Tal vez una de las cosas que me ha quedado por hacer fue viajar más fuera de España. De hecho, fuera de España solo he surfeado en Portugal. Las ocasiones en las que estuve en Francia nunca me cuadraron olas. Pero a veces en la vida, cuando tienes la oportunidad de viajar, surgen otras obligaciones o prioridades más importantes. El Cantábrico si que me lo he recorrido entero.

También hice surf en el Mediterráneo, lo que fue bastante curioso. Fue en 1977, en la excursión de fin de curso de COU. Había conocido en el campeonato de España del año anterior a un fotógrafo que era malagueño, que recuerdo que era pelirrojo. Un tío que llamaba especialmente la atención. Me había dicho que en Malaga, concretamente en Torremolinos, había olas muy buenas. Llegamos allí en autobús desde Coruña, y cuando fuimos a ver la playa, había unas olas buenísimas. A la mañana siguiente fuimos a la playa pero no había nadie en el agua. Era finales de mayo. En la playa había un grupo de alemanes contra los que echamos un partido de futbol. Cuando estábamos terminando el partido vi llegar la furgoneta Volkswagen del pelirrojo. Me acerqué a él. Eran tres y tenían tres tablas. Uno de ellos salió enseguida del agua. ¡¡Cogí unas olas en Torremolinos increíbles!!. De metro a metro y medio.



En otro viaje por el norte, en el verano de 85, decidí no llevar la tabla, ya que aquel no era un viaje de surf. Fui con Merche, mi mujer, a Burgos, Logroño, San Sebastián, y nos volvimos costeando. No llevé la tabla, principalmente porque te condicionaba un montón. De vuelta paramos en Mundaka, y en varios sitios. Cuando llegamos a Ribadesella me encontré con unas olas muy buenas. El día era también excepcional. Le pedí una tabla a uno de los locales. Me dejaron una tabla, que no usaban, y que habían hecho ellos, y cuyos cantos eran cuadrados, nada redondeados. Era lo peor que había visto en mi vida. “Pero, ¿no tendréis otra cosa?” - les pregunté. Como no había otra tabla que me quisiesen dejar, me metí con aquello que más que una tabla parecía una puerta. Un verdadero tocho. En la salida de la ría salía una derecha buenísima, y la verdad es que no había nadie, todo el mundo estaba echado a la izquierda. "¡¡Ahí no!!", - me dijeron. “¡¡Qué hay mucha corriente!!”. Pero yo fui igual. Cuando salí del agua vino a hablar conmigo un chico que se llama Alberto Sicilia, y con el que después trabé una buena amistad. Me preguntó si podía probar una tabla que tenía en casa pero con la que no era capaz de coger olas. La tabla la había traído de un viaje que había hecho a California, una preciosa Mark Richards, que como no le iba bien, y de la cual había llegado a pensar que le habían engañado en la compra. Cuando Merche escuchó las palabras Mark Richards y tabla, ella fue la que insistió en que nos quedásemos, y eso a pesar de que teníamos pensado proseguir nuestro viaje. Al día siguiente, las olas seguían siendo fantásticas, pero Alberto, no aparecía. Cuando creíamos que ya no iba a venir, finalmente apareció. La tabla iba increíble, y tras el baño, se convenció que merecía la pena conservarla. Hoy la tabla es una de las que está en Tablas en exposición. Siempre que voy por Gijón, si puedo me acerco por la tienda a saludar a Jaime y a verla, y así recordar aquel baño y aquella fantástica tabla.

Foto 1.-Recortando a principios de los 90.
Foto 2.-Años 70 en San Roque de Afora, con la furgoneta de Rufo al fondo.
Foto 3.-Finales de los 80
Foto 4.-Parada en el camino, rumbo a Santander con Vari Caramés, en el coche de Fernando.
Foto 5.-Los años de las Polen
Foto 6.-Campelo
Foto 7.-El Orzán