17 de dic. de 2014

CITAS. Las Meninas de Canido. Arte y Barrio. El estreno.


No manejo los números, y eso que estuve durante dos días dando vueltas y más vueltas por Canido con la cámara. Aún así me resulta difícil estimar el número de artistas y público que de algún modo participa, más o menos activamente, en Las Meninas. Porque durante esos dos días el protagonismo no es sólo de los pintores, sino de todo el mundo que interactúa con ellos, y también con los músicos, escultores, ... . En el vídeo hemos intentado recoger toda esa diversidad. Sin embargo, y a pesar de todo el tiempo dedicado, uno se queda con la firme sensación de no haber sido capaz de captar todo lo que allí estuvo sucediendo. Aún es hoy el día que, pasando por alguna de las calles menos transitadas del barrio, me sorprende una Menina no antes vista, algún pequeño detalle que se nos escapó. 

Mañana jueves es el estreno, al que por cierto estáis todos invitados. Será en la capilla del Centro Cultural Torrente Ballester en Ferrol a partir de las 20:00 horas. He extraído del vídeo una pequeña muestra de poco más de un minuto: la parte dedicada a los músicos. No son todos los que estuvieron, y de hecho hay faltas imperdonables, pero todos ellos, cada uno con su estilo y equipo, no dejan ser una muestra más de esa diversidad.

15 de dic. de 2014

HISTORIAS. La familia Irisarri (parte 4).


SOBRE VIAJES, TABLAS Y TRAJES

Suso.- Muchas de las tablas que compramos durante los primeros años llegaron a Patos a través de los viajes, siguiendo de este modo la senda que había emprendido Víctor Montenegro en 1969 con aquella primera Barland. La Freedom, por ejemplo, la traje tras un viaje a Biarritz en el verano de 1977. Nuestras primeros viajes fueron, evidentemente, por la costa cantábrica. Y lo normal es que fuésemos bien recibidos allí donde fuésemos. Recuerdo por ejemplo un viaje a Rodiles. Cuando nos preguntaron de dónde éramos, y les dijimos que gallegos, la contestación de los locales fue: ¡Mira, son gallegos, qué exótico!.

Entre los pocos que practicábamos surf se generó enseguida una fuerte sensación de comunidad, aunque no nos conociésemos. Si por la carretera nos cruzábamos con otro coche con tablas, nos pitábamos o hacíamos luces para pararnos y hablar. Y cuando aparecía un extranjero por la playa lo tratábamos como un rey, por la gran e interesante novedad que suponía para nosotros.

Balbi.- Creo que alguna vez incluso nos excedimos con nuestra amabilidad y atenciones. Recuerdo a un vasco que vino por aquí, y al que le pusimos el sobrenombre de “Bigote Arrocet” por su parecido con el humorista, que le seguimos tanto que creo que hasta le caímos pesados. Hoy sin embargo al que viene de fuera casi se le maltrata.

Jose.- Recordamos perfectamente la visita en 1979 de Mark Chapman, el sudafricano, que el fue al primero al que vimos practicar un surf moderno. Estuvo en mi casa varias semanas. Con él fuimos a pescar, a coger nécoras, … Su nivel era tan grande que le intentamos convencer para que entrase a surfear en el rompeolas de Bayona, pero no lo conseguimos.

Alberto.- Pero esta actitud no era exclusiva de aquí, y creo que en general, en toda Europa, cualquier visitante, fuera de Australia, Sudáfrica o Estados Unidos, era recibido siempre con gran expectación y respeto. Una vez en Hossegor, Suso se lesionó. Pensaron por nuestro aspecto, y por cómo hablábamos inglés, que éramos australianos, por lo que en el centro de asistencia nos trataron con unas atenciones increíbles, hasta que nos preguntaron por nuestro lugar de procedencia. Cuando les dijimos que éramos españoles, el trato cambio totalmente, y aunque correcto, ya no nos hicieron tanto caso. Sentimos que nuestra contestación había supuesto una pequeña desilusión.


Vicente.- Los viajes a Francia en verano, a partir de finales de los setenta, fueron bastante frecuentes. El primero fue a Biarritz en 1977, y desde entonces fuimos a allí prácticamente todos los años. Recuerdo que en 1984 vimos surfear a un joven Mark Occhilupo en Hossegor. Después comenzábamos a ir a Lacanau, al campeonato, en donde tomábamos buenos apuntes para aplicar después en el Pantín Classic.

El primero en viajar a Hawaii fue Jose, quien lo hizo en 1985.

Jose.- Efectivamente viajé a allí en 1985, aunque ha que decir que lo que me llevó a Hawaii fue el windsurf, aunque surfeé dos días en Makaha. En aquellos años yo andaba muy metido con el wind, de hecho cogí muy buenas condiciones en la playa de Hookipa.

Vicente.- Y del viaje me trajo la Local Motion verde que todavía conservo y que sigue siendo mi tabla.


Alberto.- Revisando las fotos, otra de las cosas que más me llama la atención era lo mucho que nos duraban las tablas y el tiempo durante el cual las conservábamos. En esta fotografía puede haber tablas que tengan más de cinco años de diferencia entre ellas: la Lightning Bolt es de 1979; la Rufo’s de 1980; esta otra la trajo Jose de Sudáfrica en 1983. También era frecuente que les pusiésemos nombres. Bueno de hecho creo que todas lo tenían. A algunas las llamábamos por el nombre del shaper, “la Bolt”, “la Bilbo”, …, pero a otras por su color, o con otros apelativos como “El Submarino” o “La Blanquita”.

Jose.- A una de las tablas le pusimos de nombre “La guadaña” ya que a lo largo de su historia fueron varios los heridos de consideración que dejó por el camino. Recuerdo que una vez fue Vicente el lesionado con una fuerte herida en la pierna que exigía puntos. Fuimos al centro de salud, y Vicente convenció a los enfermeros que le cosieran sin anestesia, ya que decía que con concentración, sería capaz de llegar a un estado de autocontrol que le permitiría soportar el dolor. Tan pronto como la aguja tocó su carne, los gritos de Vicente se oyeron en todo Vigo. Pero otros cayeron también contra sus cantos, como por ejemplo José Andrés, o Vari, que se rompió la nariz al golpearse contra la tabla. El principal problema de estas tablas era que resultaban ser muy pesadas, por lo que en las caídas cogían mucha inercia y cualquier golpe contra ellas tenía su importancia. Además, como era muy común ir varios en la misma ola, tampoco era extraño que hubiese impactos de unos contra otros. El Donlurio, por ejemplo, era peligrosísimo. Las tablas además tampoco era tan maniobrables como las de hoy. Por ejemplo la Bilbo, cuando cogía velocidad ya no había quien la cambiase de dirección.

Alberto.- Algo también característico de aquellos años es que surfeábamos sin traje, ya que nos los había. En invierno, a los 7 minutos perdías la sensibilidad para ponerte de pie, y salías corriendo para que entrase otro.


Jose.- No teníamos trajes de neopreno, por lo que salíamos muertos de frío. Tras el baño recuerdo que Nicolás venía hasta casa a tomarse un chupito de aguardiente para entrar en calor. En mi caso estuve surfeando sin traje 4 años. El primer traje la compré en 1979 con el dinero que junté trabajando en la descarga de bacalao congelado en el Puerto de Vigo. Con lo que nos pagaban en tres semanas, que era un pastón para aquella época, nos daba para comprar uno. Comenzamos trabajando Suso y yo. No era un trabajo fácil. Básicamente consistía en descargar de las bodegas de los barcos, el pescado que se había transportando hasta Vigo congelado entre capas de sal: capa de bacalao, capa de sal, capa de bacalao, capa de sal, … Cuando llegábamos a casa tras una jornada de trabajo, recuerdo que apestábamos, y que nuestra madre nos hacía entrar en casa en ropa interior para que no impregnásemos con nuestro olor toda la casa. Era un trabajo duro, y eso que nosotros, comparado con otros que trabajaban allí, descargábamos en un día muchísimos menos kilos. Nuestros compañeros descargaban toneladas. Lo peor no era la carga, sino los granos de sal que en la descarga casi inundaban el ambiente, y que no sólo te irritaban los ojos, sino cualquier pequeña herida que pudieses tener. Pero valía la pena, ya que con el trabajo de tres semanas nos podíamos equipar contra el frío del agua.

Alberto.- Después cuando Jose comenzó a viajar a Sudáfrica pudimos, al igual que con las tablas, hacernos con trajes más baratos, modernos y mejor adaptados al surf.

Balbi.- Un capítulo a parte merece el descubrimiento y los viajes a Portugal a partir de 1977-78. No solo no había nadie haciendo surf. No había nadie en la playa. Los primeros en surfear en el norte de Portugal fuimos nosotros. De hecho hasta 1983 no nos encontramos con el primer surfista portugués, en Ancora, al que llamamos “el de O Porto”. En Ancora y Afife estuvimos solos durante años.

Viajar a Portugal era toda una aventura, no como ahora. Para que te hagas una idea cruzar la frontera nos lleva media hora por la dichosa declaración de “los patines”, que eran como les llamaba la Guardia Civil a nuestras tablas. Imagínate la situación, nosotros deseando llegar a Ancora, a Afife, y allí parados media hora explicándoles a los Guardias que era eso del surf y en que consistía. Teníamos que sacarle la carta verde a cada tabla, que era como una especie de salvoconducto para poder pasar la frontera con ellas.

Jose.- Los viajes se finalizaron a mediados de los ochenta, ya que entonces se hizo muy habitual surfear en el norte de Portugal al poder ir y volver en el día, o incluso en una mañana o una tarde.

13 de dic. de 2014

HISTORIAS. La familia Irisarri (parte 3).



Jose.- La visión que se tenía sobre el surf y los surfistas a finales de los setenta estaba un poco distorsionada. De hecho creo que hasta bien entrados los años ochenta, la gente en general no asumió lo que era el surf y el hecho de que se trataba de una actividad más de las que se podía desarrollar en el mar. Recuerdo perfectamente nuestros esfuerzos para explicarle a la gente que en Galicia sí había olas, y que evidentemente se podía hacer surf. Cuando hablaba del tema en la facultad, en Santiago, incluso cuando ya trabajaba en Pescanova donde se suponía que la gente estaría más vinculada al mar, no me creían.

Vicente.- Otro ejemplo era que la gente no sabía ponerle nombre a aquello que llevábamos atado encima del coche. Recuerdo que mis compañeros del trabajo le llamaban “el patín”. Por mucho que les explicase que se trataba de una tabla de surf, ellos volvían una y otra vez a la idea de “el patín”.

Jose.- Hay que entender que en aquella época se daba en Galicia la paradoja de que, a pesar de vivir tan cerca del mar, la gente solo iba a la playa en verano, y además a playas recogidas, por ejemplo Samil o El Vao. Tal vez por ello no se tenía la percepción de que hubiese olas, salvo que frecuentases la playa en otoño o en invierno. Hasta mediados de los ochenta, y hasta que comenzó a aumentar el número de surfistas en Vigo, Coruña y Ferrol, realmente no existió una consciencia colectiva de que aquí se podía hacer surf.

Vicente.- Además el significado que entonces tenía el mar en Galicia no es el de hoy en día, en el que ya se le reconocen valores vinculados con el deporte o el ocio. Cuando nosotros empezamos a hacer surf, el mar significaba trabajo en los astilleros, riesgo en la pesca, muerte en la marina de guerra, …, no era una cosa para disfrutar. En el pensamiento colectivo la idea era que del mar había que alejarse. Por ponerte un ejemplo. Teníamos una tía, Araceli, que era de Ferrol, y cuando se enteró de que íbamos a hacer surf a Doniños, nos advirtió muy seriamente del peligro que eso suponía. Recuerdo perfectamente sus palabras: “En Doniños rugen las olas, ¡¡Doniños es peligrosísimo!!”. Estamos hablando del año 80, sólo hace 35 años.

Balbi.- Hasta nosotros mismos éramos un poco partícipes de ese pensamiento. Estando viviendo Vicente ya en Coruña, te hablo del año 1979, muchas veces nos acercábamos los fines de semana a surfear allí, y quedábamos con Rufino y los demás. Un día que en la zona de la Coruña no había muchas olas, recuerdo que Vicente nos propuso el "ser un poco más arriesgados": “Vamos a ir a Doniños”, fue su propuesta.

Vicente.- Pero sin duda esa incomprensión nos hacía sentirnos diferentes, lo que nos gustaba. Y el ser pioneros nos hizo poder disfrutar del placer de descubrir cosas nuevas casi a diario, lo que hacía todo más atractivo.

12 de dic. de 2014

CITAS. Las Meninas de Canido. Arte y Barrio. Estreno el 18 de diciembre.


Hace algo más de un año que Eduardo Hermida me proponía una de esas colaboraciones a las que resultan difícil decir que no: grabar un documental sobre las Meninas de Canido.

He de reconocer que en un principio pensé que el encargo me superaba un poco, ya que suponía una gran responsabilidad por lo que el proyecto representa para mucha gente. No bastaría únicamente con reflejar, con unas imágenes más o menos ordenadas, lo que ocurría en el barrio de Canido durante esos días, sino que el vídeo debería representar el espíritu del proyecto y su capacidad de transformación, así como lo que esta iniciativa supone para todos los que participan en ella: pintores, artistas, voluntarios, vecinos, ... Y lo más difícil era que tendría que hacerlo sin un guión establecido, confiando simplemente en que las cosas ocurriesen delante de la cámara, sin oportunidad para segundas tomas. 

Además de los días de grabación, el trabajo se extendió durante el mes posterior a la celebración de Las Meninas. Las más de 20 horas de grabación, que nos repartimos entre Eloy y yo, han quedado reducidas a casi 25 minutos de vídeo que se estrenará, el próximo jueves día 18 de diciembre, en el Centro Cultural Torrente Ballester a partir de las 20 horas.

El vídeo que acompaña a esta entrada es uno de los finales descartados que finalmente no han ido en el montaje final. 

Evidentemente estáis todos invitados a asistir al estreno, que ha sido organizado por la Concejalía de Turismo del Concello de Ferrol.

10 de dic. de 2014

LETRAS. Hangten # 4.


Hace casi un año que Fer me ofrecía la posibilidad de colaborar con un texto en Hangten. He de reconocer que soy una persona a la que le cuesta decir que no a este tipo de colaboraciones, y más si detrás de ellas hay una revista como Hangten y personas como Oskar y Fernando. Se nota cuando las cosas se hacen con cariño y buen gusto, y poder participar en algo así, es siempre un orgullo.

El día en el que surgió la colaboración coincidió con el estreno de la película sobre Onda Longa y El Pedrido, así que de algún modo el tema sobre el que escribiría mi primer texto ya estaba definido.

No llegué a tiempo al número 3, pero sí al número 4, y me gustaría poder aportar nuevos textos en el futuro: de hecho ya tengo alguna idea en mente. 

En este número, además del texto sobre El Pedrido, podréis encontrar un reportaje sobre la isla de Fuerteventura, entrevistas a Beau Young y Ashley Lloyd, y otros textos muy interesantes escritos por los otros colaboradores de la revista. 

Agradecer desde aqui a Fer y Oskar su esfuerzo por poner a nuestra disposición un número más de Hangten, y por no hacerlo de cualquier manera, sino cuidando la maquetación, las fotos, los textos, ...  Agradecer también al resto de colaboradores sus textos y fotografías.

Os dejo con un extracto del reportaje sobre El Pedrido, que podréis leer completo en la revista consultándola arriba o en la web de Hangten.

EL PEDRIDO. LA OLA MÁS LARGA DE GALICIA. 

Decir que algo es “lo más” siempre conlleva un cierto riesgo. ¿“Lo más” con respecto a qué?. ¿En qué materia?. ¿En qué ámbito geográfico?. Afirmarlo debería requerir de un conocimiento casi absoluto sobre la cuestión a la que se hace referencia, lo que en muchas ocasiones resulta imposible. Por eso, calificar a la ola del Pedrido como la más larga de Galicia, incluso como la más larga de Europa, como alguno se ha atrevido a decir, posiblemente sea muy aventurado. Pero si nos ceñimos a mi experiencia, la de alguien que más bien ha viajado poco y que por tanto no es que conozca muchos lugares, sí puedo decir que de todas las olas que he surfeado, ésta cumple perfectamente con esta condición.

6 de dic. de 2014

HISTORIAS. Los Surf Report de la revista Surfer.


Una vez que internet ha entrado en nuestras vidas y se ha convertido en algo cotidiano, a veces nos olvidamos de lo mucho que ha cambiado las cosas. Por ejemplo, y en el mundo del surf, su irrupción ha supuesto una revolución total. No sólo nos ha abierto la posibilidad de acceder a un montón de información sobre material, playas, técnica, campeonatos, ... También se ha convertido en el medio fundamental a través del cual nos comunicamos con otros surfistas, y la vía que empleamos para quedar y darnos un baño, saber dónde están rompiendo buenas olas, predecir el estado del mar, o organizar un viaje en poco tiempo, aunque sea al otro lado del mundo.

Pero hace 40 años las cosas eran bien distintas. Yo no lo he vivido, pero me imagino que cualquier viaje, aunque fuese a algún lugar cercano, significaba adentrarse en lo desconocido. A lo largo de la historia han sido muchos los surfistas que han adquirido un carácter casi legendario precisamente por los viajes que emprendieron: verdaderos exploradores a lo que habría que situar al mismo nivel que los grandes aventureros. Prácticamente no existía información, y los mapas, en muchas ocasiones, no dejaban de ser una hoja en blanco con escasas pistas de hacia dónde dirigirse y de lo que uno se podía encontrar.

Fue ahí donde la revista Surfer abrió, no sé si en los sesenta o en los setenta, una vía para ayudar a los viajeros: los Surf Reports. Pequeñas guías en las que se recogían las experiencias de surfistas de todo el mundo, y que se convertían de este modo en los ojos de la revista Surfer y de sus lectores, allí donde se creaba una pequeña comunidad de surfistas.

La información era recopilada a través del correo postal por la red de informadores, llamados por la revista "Surf Watch Staff". Para ello se disponía de unas fichas en las que sobre otras cuestiones se informaba sobre el
 tamaño de las olas, la dirección predominante que había tenido el mar durante ese periodo, si había habido problemas de contaminación o erosión en las playas de la zona, el tamaño de tabla más habitual con el que se había surfeado en las últimas fechas, resultados de campeonatos, u otras cuestiones de interés para el viajero: costumbres locales, peligros, prohibiciones y servicios. Toda esa información se volcaba en unos pequeños folletos de papel cartón que acompañaban a la revista en cada número, y que contenían reportajes especiales sobre lugares concretos.


En Galicia desde principios de los ochenta, hasta la década de los noventa, la revista Surfer tuvo en la familia Irisarri a su particular "Surf Watch Staff", situando de esta manera a nuestra comunidad en el mapa del surf mundial:

Suso Irisarri.- En 1978 descubrimos que desde un almacén de Madrid, situado en la calle Dr. Fleming, y cerca de la casa en la que vivíamos, se distribuía para España la revista Surfer. Y cuando digo distribuir me refiero a 3 o 4 ejemplares que eran los que se repartían por España a los escasos suscriptores que había. En el propio almacén conseguimos hacernos con un ejemplar, y a los pocos meses nos suscribimos. 

Poco tiempo después, recibimos una carta de la redacción de la revista. Nos imaginamos que en las oficinas de Dana Point llamó la atención que hubiese unos suscriptores en la zona Noroeste de la península, por lo que nos pidieron que elaborásemos los Surf Report sobre Galicia. Balbi, que era de los hermanos surfistas el que se pasaba todo el invierno en Patos, fue el encargado de redactarlos, aunque a veces los demás le ayudábamos. En 1984 nos pidieron un reportaje un poco más amplio sobre Galicia, que se publicó en la revista a los pocos meses. Carlos Bremón escribió la parte dedicada a la zona Norte y Balbi la de la zona Sur. 

Con Internet, los Surf Report perdieron todo su sentido, pero por ejemplo nuestros Surf Report de Indonesia y Australia fueron las guías con las que David Valladares hizo sus primeros viajes a estos lugares.

El primer número que conservamos es uno de principios de 1977, con Peter Townend en portada recibiendo su título mundial.


Vicente Irisarri.- Gracias a nuestra suscripción también logramos que los resultados del primer Pantín Classic se publicasen en Surfer, dándole así, y desde su primera edición, una dimension internacional al campeonato.

Hoy los Surf Report de Surfer ya no se editan en papel. Su información en lugar de mirar hacia el pasado mira hacia el futuro, y al igual que en otras páginas, en la web se pueden consultar las previsiones para distintas olas en diferentes partes del mundo.

3 de dic. de 2014

HISTORIAS. La famila Irisarri (parte 2).



EL DESCUBRIMIENTO DEL PICO DE PATOS (resumido) Y LOS INICIOS EN EL SURF VISTOS DESDE MADRID.

Quién quiera repasar la historia completa sobre el descubrimiento del Pico de Patos, pulsar AQUÍ.  Pulsando AQUÍ se accede a la primera parte de la entrevista a la familia Irisarri.

(Jose) Aunque a muchos les pueda parecer increíble, no comenzamos a surfear en el Pico de Patos. Aquello nos parecía una locura. Así que nuestros inicios en el surf fueron en la playa de Prado.

Pero en octubre de 1976 tuvo lugar un acontecimiento que de algún modo vino a cambiar muchas de las ideas que teníamos sobre el mar y el surf. Había entrado una de esas marejadas que presagian el inicio del otoño, de modo que había un maretón considerable. De repente aparecieron en la playa unos extranjeros, que resultaron ser neozelandeses, que de ruta hacia Portugal pasaron por Patos. Me llamó especialmente la atención que uno de ellos cogía las olas en drop-knee, como George Greenough, además de que se lanzaba a las olas más bestias. Pero lo realmente increíble fue que no entraron a surfear en la playa, como hasta entonces lo habíamos hecho nosotros, sino que se dirigieron directamente hacia la zona de rocas que hay a la izquierda. Para mí aquello era alucinante, como si viera marcianos entrando al agua. Me dejaron obnubilado. Tras el baño fui a hablar con ellos para interesarme de dónde eran, y charlar un rato con surfistas de verdad. 

(Alberto) Nuestro estreno en el Pico no se produjo hasta el año siguiente, en el que un nuevo grupo de surfistas extranjeros, en este caso australianos, eligieron también el Pico  para coger olas en lugar de la playa de Prado. 

(Vicente) La llegada de aquellos australianos supuso para nosotros la conquista definitiva del Pico. Recuerdo perfectamente la llamada de Jose a Madrid, en septiembre, alborotado por su llegada “¿Cómo que en Monteferro? ¡¡¡Sí está plagado de rocas!!!”. 

(Suso) El Pico disparó nuestra evolución. Es una ola en la que es muy fácil remontar. Se entra por un canal bien definido. Y rompe siempre en el mismo sitio, lo que nos ayudó a asimilar con rapidez los movimientos básicos del surf: bottom, reentry, cutback, ...

(V) El descubrimiento del Pico supuso un cambio, una rotura de esquemas total. Desde aquel momento fuimos conscientes de la diferencia entre surfear una ola de arena y un pico de roca. Así que empezamos a ser asiduos a las bondades del Pico. La gente desde fuera, al igual que nos pasó a nosotros con los neozelandeses, lo veían como una temeridad. De hecho recuerdo perfectamente el comentario de la gente que practicaba windsurf en Vigo, y que afirmaban literalmente: “los Irisarri están absolutamente locos, ¡¡cogen olas sobre las rocas de Monteferro!!”.

(S) Sin embargo, buena parte de nuestros primeros años como surfistas coincidieron con nuestros estudios en Madrid, así que nos teníamos que conformar con hacer surf en vacaciones y sobre todo en verano. Jose, que estudiaba química en Santiago, y Balbi que aún no iba a la universidad, sí que se quedaban aquí, así que pudieron surfear más que nosotros en aquellos años.

Salvo Balbi, todos empezamos a hacer surf con una cierta edad. Yo, con 18 años. Balbi, que es el segundo más pequeño de los hermanos, comenzó con 11, algo que hoy es totalmente natural. Sin embargo, en aquellos años, que un niño pequeño se metiese en el mar a coger olas, se veía como una temeridad.


Pero el estar en Madrid tenía también su parte positiva, ya que nos permitía estar en contacto directo con muchos de los cambios y avances sociológicos que se estaban viviendo en aquellos años en cuanto a cultura, moda, pensamiento, … . ¡además descubrimos el skate!. En los años 1975-76 se produce el despegue del skate como deporte, y esta pequeña revolución nos coge en Madrid. La gran explosión se produjo tras la apertura de la tienda Caribbean, cerca del Retiro, tienda que a día de hoy aún sigue abierta. Alberto y yo solíamos ser unos de los habituales en Caribbean. Todos los sábados y domingos nos concentrábamos cerca de 200 personas en Nuevos Ministerios en torno al skate. Y desde Madrid trajimos el skate a Vigo. Construimos nuestra primera rampa en Patos en 1977, con la madera de los encofrados que habían sobrado de la construcción de la casa.



(Al) Lástima que cuasi-abandonamos el skate cuándo comenzaron los parques y las pistas. Yo aún recuerdo ir a clase con el skate, en el metro, a finales de los 70 y en los primeros 80. Pero la masificación de practicantes en Nuevos Ministerios, y en otros sitios, nos llevó a abandonar los círculos de gente que comenzaron a formarse entorno al skate. Creo que las actividades en dónde una parte importante del disfrute está en las sensaciones que uno siente, se convierten en menos agradables cuando hay una multitud de gente queriendo hacer y/o sentir lo mismo que tú; y si puedes optar por mantener la intimidad, la opción para mí es clara. El surf es un ejemplo muy claro de ello; y el skate, al menos para nosotros, era algo muy parecido, aunque ahora para los skaters sea una actividad mucho más social.

También tratamos de llevar a Madrid algo del surf. Recuerdo que en el metro a veces íbamos sin agarrarnos, imaginando ir surfeando sobre la tabla en las curvas … En Madrid coincidimos con otros surfistas como nosotros, aunque éramos muy pocos. Por ejemplo en mi colegio mayor, en donde vivíamos unas 700 personas, hacíamos surf uno de Santander y yo. En la Escuela de Montes, que seríamos unos 1.000, yo era el único que hacia surf. Éramos unos auténticos bichos raros.

(V) En mi escuela estaba Vicente Iza, que hacia surf en Mundaka. Y en el colegio mayor, nadie, todos jugaban al rugby.

Pero además de la oportunidad que supuso estar en Madrid, el hecho de ser muchos hermanos, hizo que el núcleo familiar tuviese múltiples entradas de información, y que por tanto acumulásemos intereses muy diversos. Estábamos estudiando fuera. Y vivimos una época de grandes cambios y de una fuerte apertura cultural. Era por tanto inevitable que recibiésemos la influencia de muchas de las corrientes que se iban creando en esos años. El ser tantos nos permitió además recopilar un montón de información, prácticamente en el momento en el que estaba ocurriendo.

(Al) Un ejemplo de ello es el recuerdo que guardo, con total claridad, de como con 10 años, los hermanos acampábamos en Monteferro para escuchar la emisión pirata de radio Caroline, emisora inglesa que emitía desde un barco música rock las 24 horas del día.

(J) O los discoforums que organizábamos en el colegio con discos que en aquella época resultaban muy vanguardistas y políticamente incorrectos: Frank Zappa, Pink Floyd, … Aún recordamos el impacto que supuso en el colegio ver a Suso, en la actuación de fin de curso, tocando la guitarra de espaldas al público como Eric Clapton.

(S) Y dentro de esa corriente de cambios entraba naturalemente el surf, que por el imaginario y cultura que lo rodeaba, hacia que superase en atractivo a cualquier otro deporte. No eran sólo las olas, era todo lo que lo rodeaba lo que lo hacia más atractivo: su estética, la música, el mito californiano, …

(V) El estar en Madrid, y por extraño que parezca, nos facilitó también el acceso al material. Cuando localizábamos una tabla de surf todos los hermanos nos poníamos en alerta. Recuerdo una vez en que Alberto me llamó para decirme que en un colegio mayor, no recuerdo ahora en cuál, había localizado a un chico de Florida que se había traído una tabla. Atravesamos medio Madrid hasta localizarlo. Ya con la tabla en nuestro poder, no la pudimos estrenar hasta que finalizó el curso y volvimos a Vigo a pasar el verano. Y así fueron  pasando por nosotros una Freedom, la Visuals, la Barland, y la Bilbo, un 11 pies que nos parecía, en aquella época, la tabla ideal.

2 de dic. de 2014

LETRAS. Big Day Coming.








"Ellos confían en que los demás músicos serán capaces de hacer la misma clase de locuras que ellos. Los tres son como enciclopedias andantes en lo que respecta a la memorización de sus canciones, y también de las de los otros. Resulta muy sorprendente su capacidad para tocar espontáneamente cualquier cosa y que suene fantásticamente bien. Por alguna razón, tienen esa misma fe en mí y en todos los que están a su alrededor. Así que cuando te dicen "Nada, sólo vas a tocar teclados", y yo respondo: "No sé muy bien cómo tocarlos", ellos simplemente exclaman: "Oh no, seguro que puedes". Toda la gira fue asombrosa. Fue una de las mejores experiencias de mi vida. La cantidad de confianza que depositan en quienes los rodean es realmente estimulante".

-Mac McCaughan (Superchunk, Portastatic, Merge Records).

No suelo dedicar muchas entradas a la música en el blog, pero ésta es una de mis grandes pasiones, y eso que no sé tocar ningún instrumento. Me gusta tanto, que se puede decir que me paso casi todo el día escuchando música: en el trabajo (aunque sólo sea de fondo), en casa mientras leo o hago cualquier otra cosa, cuando escribo en el blog, ... Durante mis años de estudiante era algo así como mi válvula de escape, lo que hacía que aquellas largas jornadas ante los libros fuesen más llevaderas. Uno de los mejores momentos de la semana llegaba cuando, en un descanso entre los apuntes, iba andando hasta la tienda de discos Portobello y me traía de vuelta a casa algún disco de un grupo nuevo. 

Uno de esos grupos fue Yo La Tengo, a los que he seguido desde el año 1995, en el que me hice con su disco Electr-o-pura. Con el tiempo, se han convertido en mi banda favorita, aunque momentáneamente algún nuevo grupo pueda centrar mi atención. Tengo unos cuantos de sus discos, y todos me han logrado siempre sorprender por su variedad de estilos y texturas. Resulta complicado seleccionar uno, pero si de entre todos tuviese que elegir, me quedaría con "And then nothing turned itself inside-out". El disco no sólo contiene para mi gusto la mejor de sus portadas, una intrigante fotografía de Gregory Crewdson, sino también algunas de sus mejores canciones. 

Así que cuando supe que Libros del ruido acababa de publicar "Big Day Coming", algo así como una biografía oficial de Yo La Tengo, fui hasta la librería para hacerme con un ejemplar. En el libro no sólo se cuenta la trayectoria del grupo, el proceso de creación de cada uno de sus discos, o cómo poco a poco la banda fue transformándose en lo que es hoy, sino también la evolución del rock independiente en los Estados Unidos, de la que ellos han sido uno de sus grandes protagonistas: la eclosión de R.E.M., la explosión que supuso el "Nevermind" de Nirvana, su relación con Matador Records y otros grupos del sello, su amistad con Kurt Wagner de Lambchop, la relación de la banda con la emisora WFMU, ...

Así que durante estas dos últimas semanas, he disfrutado un montón leyendo el libro y escuchando al mismo tiempo cada uno de los discos sobre los que se habla, grandes obras de la música popular creados por músicos que sienten una gran pasión por la música.

30 de nov. de 2014

HISTORIAS. La familia Irisarri (parte 1).



Catorce hermanos, siete de ellos surfistas. Reunirlos a todos, o al menos a los máximos posibles, parecía una tarea a priori  complicada, y más cuando todos, cada uno en su campo, llevan una vida profesional llena de actividad, compromisos y proyectos interesantes. Pero cuando la convocatoria y organización de la reunión sale de ellos mismos, y antes de empezar la charla me cuentan lo entusiasmados que están con que nos hayamos encontrado para hablar de surf, la tarea de entrevistador, la mía en este caso, se vuelve mucho más sencilla. Sólo hay que relajarse, escuchar, y dejar que las historias surjan y la conversación fluya.

De los 7 hermanos surfistas, acudieron a la primera de las citas, cuatro de ellos: Vicente, Jose, Suso y Alberto. De los que no pudieron acudir, Balbi, Alfredo e Iñaki, las referencias fueron continuas. A la segunda de las reuniones, además de los citados, se sumó también Balbi.

La conservación, que se prolongó durante más de tres horas cada uno de los dos días, fue un repaso magistral a la historia del surf en Galicia. Una historia contada además por personas con una sensibilidad especial por la historia del surf y su cultura. Y es que a diferencia de otros pioneros, que se iniciaron y evolucionaron en el surf casi de modo insconsciente, en la familia Irisarri se fue pronto consciente del lugar en la historia que se estaba ocupando. Conocedores de la importancia del momento, han conservado, para el disfrute de todos, documentos e historias que reflejan fielmente lo ocurrido durante aquellos años.



LOS PRIMEROS AÑOS

(V) Nuestros antecedentes en el surf tendríamos que situarlos en el deporte en general. Somos una familia de gente muy deportista, y desde pequeños nuestros padres siempre nos animaron para que practicásemos algún deporte. Daba igual cuál fuese. De mar o de tierra. Pesca submarina, rugby, futbol, … . Entre todos ellos, aquellos que estaban vinculados con el mar fueron siempre los que más nos atrajeron, y en particular la pesca submarina, el buceo y el surf. El deporte generó entre los hermanos una gran unión. De 14 hermanos, 7 somos los que lo hemos practicado surf: Alfredo, Jose, Vicente, Suso, Alberto, Iñaki y Balbi. Muchas veces nuestros hermanos “no surfistas” se quejan de que el surf sea el tema recurrente en las conversaciones de las reuniones familiares, pero es inevitable cuando somos tantos los que compartimos esta pasión.

La segunda de las claves creemos que está claramente vinculada con el hecho de tener una casa en la única playa de Vigo en la que había olas: Patos. La elección de Patos, o el por qué llegamos hasta allí, era bien sencilla. De todas las playas de los alrededores de Vigo era la que mantenía, a finales de los sesenta, un aspecto más natural. A aquella playa íbamos los que preferíamos un arenal más salvaje y natural, frente a otras playas más cercanas a la ciudad y con mejores accesos y servicios. También era una de las más abiertas, y por tanto de las que recibía más oleaje, y tal vez por ello no había casi bañistas. Era también una playa con un ambiente muy abierto, y muy frecuentada por extranjeros, sobre todo alemanes, que pasaban temporadas de camping. Posiblemente por estos, y otro motivos, nuestros padres compraron un terreno allí a principios de los setenta, y comenzaron la construcción de una casa en la que pasar los veranos.

Pero antes de llegar a Patos ya estábamos enganchados al mar. Hasta el año 1964 pasamos todos nuestros veranos en la Cañiza, en el interior, pero a partir de 1965, los pasamos ya en la playa. Como nuestras padres trabajaban, nuestros hermanos mayores nos llevaban por la mañana a la playa y por la tarde al monte. En el año 1965 el mayor de nuestros hermanos se compró el primer fusil de pesca submarina, el Nemrod Calavera, con un tridente de arpón. Él nos dejaba a los pequeños ir a pescar. Primero él y después nosotros. Ahí surgió nuestra inmensa afición al mar. Más que surgir se puede decir que la recuperamos, porque antes de ir a la Cañiza recuerdo que veraneábamos en Canido, y allí nos pasábamos todo el día en el mar. En la Cañiza, aunque no había mar, estábamos todo el día en el río bañándonos. Así que siempre fuimos muy acuáticos.

¿Y por qué el surf? Pues la verdad es que no hay un por qué concreto. Cualquier deporte que tuviese que ver con el mar nos atraía profundamente, y era natural, y cuestión de tiempo, que lo probásemos. La verdad es que éramos como unos polinesios pero de agua fría. Lo mismo ocurrió con el windsurf, que lo probamos en 1979, y que sobre todo Jose ha seguido practicando durante años.

Y a través del surf, llegamos también al skate. Nosotros ya éramos mayores, pero Suso y Alberto andaban todo el día a ello. Recuerdo que aún estando en obras el puente de Rande, vosotros ya aprovechabais los tramos que se habían terminado de la autopista para tiraros cuesta abajo con el monopatín. Llegabais a casa con las manos, codos y muñecas desgraciadas, pero parecía daros igual.


(J) Pero volviendo a los deportes acuáticos, el origen de nuestra pasión por el mar está en la pesca submarina, que de algún modo, y en nuestro caso, se puede decir que fue el germen de todo. En aquellos años algunos buceadores se habían convertido, gracias a la televisión, en verdaderos héroes para la gente de nuestra generación. Personajes como Hans Hass o Couesteau eran venerados por gente como nosotros. Y entonces, partiendo de la pesca, comenzó nuestro viaje de un deporte a otro: de la pesca submarina en el año 1965 al bodysurf entorno al año 1971-72; del bodysurf al surf en 1975; primero con una tabla prestada; después con tabla propia. Y unos hermanos fuimos provocando que los otros se enganchasen, hasta el punto que el surf se convirtió en nuestra prioridad, lo que supuso que dejásemos de lado los otros deportes. ¿Y que nos enganchó del surf? Pues además del deslizamiento en sí, con el surf se abría todo un mundo, con miles de aspectos y detalles por descubrir, además de toda una cultura nueva con valores en auge como la libertad, el medioambiente, la música, …

(V) Imagínate lo importante que era la pesca submarina para nosotros, que uno de los mejores recuerdos que guardamos de nuestra juventud es el ritual iniciático que habíamos establecido en la familia a partir del cual, y una vez superado, suponía el poder empezar a bucear con arpón. Cuando empezamos, y como todos queríamos pescar, los mayores marcaron unas normas que los pequeños teníamos que cumplir para poder hacer pesca submarina. Era lo que denominábamos “el examen de pesca submarina”. Cuando se cumplían los 14 años, y para poder disponer de tal privilegio, se habían de pasar 4 pruebas, que habilitaban a uno a ir “armado”. La primera de las pruebas era teórica, y consistía en preguntas del tipo “¿cuál es el nombre de las cinco especies de tiburón asesino?” A lo cual había que responder que el blanco, el tigre, el toro, el nodriza gris, y un quinto que se establecía a criterio de Jose, y que según el día era el martillo o el punta blanca oceánica (en la elección del quinto elemento de la lista, las últimas fotos y reportajes de Han Hass jugaban un papel fundamental). La segunda de las pruebas consistía en bucear una distancia de aproximadamente unos 20 metros entre las piernas de varios hermanos. La tercera ponerse y quitarse las gafas de bucear sumergido. Y la cuarta se echaba un plomo de buceo, a unos 4-5 metros de profundidad, que había que recoger a pulmón.


(V) Al igual que para otros, nuestros primeros contactos con el surf fueron un tanto etéreos. De hecho no recordamos cuales fueron exactamente. Me imagino que se trató de una sucesión de imágenes vistas en revistas, o en la televisión. Por ejemplo, recuerdo algún artículo en el Selecciones de la Reader’s Diggest o en la revista Life. También por aquel entonces la serie Hawaii 5.0 estaba de moda en la televisión, y solían aparecer en ella imágenes de surf. Además a nosotros siempre nos gustó el mar y la pesca submarina, por lo que cualquier cosa que tuviese que ver con el océano nos llamaba la atención y nos generaba un gran impacto. Pero de lo que sí tenemos un recuerdo claro es de un libro, “Reportajes del mundo”, que pasó por casa entorno al año 1966-67. El libro incluía un reportaje sobre Australia. En dicho reportaje se hablaba de Nat Young, y se comparaba su figura con la del atleta Ron Clarke, una de las figuras deportivas de la época, pues había batido varias veces el record del mundo de los 5.000 y 10.000 metros. Ron Clarke había ganado la medalla de bronce en la prueba de los 5.000 metros en los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964, y en 1968, en los de Méjico, casi muere debido a una mala adaptación a la altura. Hoy por cierto es el Gobernador de la Gold Coast. En ese reportaje se mencionaba que Ron Clarke era tan famoso en Australia como un surfista llamado Nat Young, que por aquel entonces acababa de ganar el campeonato del mundo de surf. Nos llamaba poderosamente la atención que un surfista, dado que para nosotros el surf era algo muy lejano y exótico, fuese reconocido y tuviese tanta fama como una estrella mundial del atletismo. Creo que desde ese momento el surf no sólo pasó a estar presente de un modo más fuerte en nuestros pensamientos, sino que también comenzamos a tomar conciencia de él como deporte y a aumentar nuestro interés por su práctica. Sin embargo teníamos un problema fundamental. No teníamos tablas, por lo que de algún modo estábamos con las manos atadas.

(V) Tras dichos antecedentes, empezamos a plantearnos seriamente hacernos con una tabla en el año 1972. Ese año, Alfredo se fue a estudiar primero de Ingeniería de Caminos a Santander, en donde hizo los dos primeros cursos, antes de continuar la carrera en Madrid en 1974. Cuando volvía a casa nos contaba que había gente haciendo surf en el Sardinero, y recuerdo perfectamente que nos hablaba de los Fiochi y otra gente que surfeaban allí asiduamente.

(J) De hecho le encargamos que se hiciese con una tabla, pero no sabemos por qué, el encargo nunca se llegó a culminar.


(V) En el verano de 1975 se produce un encuentro en Patos que para nosotros sería transcendental. Un día vemos que en el agua hay varias personas con tablas de surf. Sorprendidos nos acercamos a ellos. Estas personas resultaron ser Nicolás Pita, Ángeles Vega y los hermanos Montenegro, Nacho y Víctor. Nicolás había sido compañero mío de clase en los Jesuitas, y Nacho y Víctor eran hermanos de Luis Montenegro, con el que también había compartido pupitre muchos años, por lo que el acercamiento fue inmediato. Hacía años que no nos veíamos, ya que me pasaba la mayor parte del año en Madrid estudiando. Al no volvernos a ver desde nuestros años de colegio, no fuimos conocedores de que ellos llevasen haciendo surf desde 1969. Creo que ese mismo día nos dejaron probar. Jose fue el que más rápido se unió al grupo, y el primero en dejar la pesca submarina como prioridad. De hecho guardo la imagen clara de ese verano de irnos todos a bucear en una barca de la familia, y de quedarse Jose en la playa con la tabla prestada. Y eso que Jose era el que mejor pescaba de los hermanos, y el que, por decirlo de algún modo, más le gustaba. En aquel verano el resto de los hermanos aún pensábamos que la prioridad en esa época del año debía de ser la pesca submarina, y que el surf se trataba de una actividad más de invierno.

(J) El encuentro con los Montenegro y Nicolás Pita nos reveló además que el surf era un deporte que realmente se podría practicar en Patos. Javier, que es el mayor de todos los hermanos, nos ha comentado en más de una ocasión, que cuando se empezó a hablar en casa de surf, él no participada tan animadamente en las conversaciones como nosotros, porque estaba convencido que el surf no era un deporte que se pudiese practicar aquí, sino que era actividad que estaba íntimamente ligada a las olas gigantes y Hawaii, ya que esa era la imagen que recibíamos de las revistas. Y eso evidentemente no lo había en Patos.

Que Nicolás Pita y los hermanos Montenegro estuviesen haciendo surf, nos hizo volvernos absolutamente locos. De hecho desde ese momento el surf se convirtió en el “tema” principal de conversación entre los hermanos. Guardamos muchas de las cartas que nos escribíamos mientras que los hermanos estábamos estudiando en Madrid, y el tema del surf, desde ese verano, y principalmente a partir de las navidades de 1976, comenzó a ser un tema recurrente.

(V) Muchos de nuestros males se curaron cuando en las navidades del año 1975-76 Macamen, mi mujer, me regala la que sería la primera tabla de la familia: una Dick Brewer de enésima mano que es “estrenada” por los hermanos de inmediato.

(A) La verdad es que el día que llegó la tabla a casa fue un momento especial en nuestras vidas. De hecho recordamos perfectamente la fecha: el 4 de enero de 1976.

(J) Aquellos baños de estreno, entrando al agua en pleno mes de enero con la única protección de una camiseta de algodón, y saliendo morados del frío, fueron especiales. Debimos de surfear más o menos asiduamente aquel invierno, porque recuerdo perfectamente como nos solíamos cambiar en la casa aún en obras.

(J) En mayo de 1976 se finalizaron las obras, con lo que ya nos asentamos definitivamente en Patos.