23/4/2014

HISTORIAS. Hasta la orilla.












No estaba muy convencido del baño. Había estado en Outeiro un buen rato mirando, y las olas no eran nada del otro mundo. Además la marea estaba bajando, y la corriente, que los días anteriores había fastidiado la ola en bajamar, parecía que iba a volver a aparecer. Como Occy, Álvaro y Martín estaban en el agua, subí hasta casa a por la cámara. Pero justo cuando llegué a la playa ellos se salían, por lo que apenas pude cogerles en un par de olas. 

En lugar de subir directo a casa de nuevo, me di una vuelta por la playa para ver como estaban el resto de fondos. De camino hacia el medio de la playa me encontré con Rubén. Se iba al agua. Lo acompañé por la orilla hasta que llegamos frente al pico. Me quedé mientras entraba, y le vi coger su primera ola. Ya no había dudas. Subí corriendo hasta casa y en 15 minutos ya estaba en el agua. Mientras remontaba a por mi primera ola, me crucé con él en otra derecha que le llevaba a toda velocidad, y una vez más, hasta la orilla.

22/4/2014

CITAS. Limpieza con Coge 3 este sábado en Doniños.












El otro día, tras la primera de nuestras limpiezas dentro de la campaña Iniciativas Océano de Surfrider Foundation, comentaba con Vicente los más de 15 años que llevamos organizando limpiezas de playa. En todo este tiempo, hemos pasado por distintas etapas: desde la motivación y el idealismo de los primeros años, al desánimo que nos invadió en varias ediciones. A pesar de ello continuamos, y aunque tal vez no sea el más adecuado para decirlo, creo que esa perseverancia es la que nos ha traído en los últimos años de nuevo la ilusión, sobre todo al ver que existe una nueva generación que ha asumido como propios los ideales que un día nos llevaron a nosotros a organizar las primeras limpiezas.

Aunque yo no tenga nada que ver con la creación de la iniciativa, siento que el proyecto Coge 3 viene a recoger el testigo que nosotros tomamos hace 15 años. Por eso, y cuando recibimos la invitación de Oscar García, uno de los responsables del proyecto, para participar con una limpieza en las acciones que estaban organizando con motivo de la Semana de la Tierra, no pudimos decir más que sí.

De este modo el Océano Surf Club se une a la campaña organizada por el proyecto Coge 3, con una limpieza de playas el próximo sábado 26 de abril en la playa de Doniños. Hemos quedado a las 11 de la mañana, y el punto de encuentro será la pasarela que da acceso a la playa y que se sitúa entre la zona de Outeiro y el medio de la playa. 

Hoy nos hemos dado una vuelta por la zona en la que limpiaremos. En esta zona, Álvaro y Cris ya habían hecho una incursión en la limpieza anterior. Es increíble la cantidad de residuos que han quedan por recoger y retirar.

Así que todos los que os queráis unir a la iniciativa de Coge 3 y el Océano Surf Club, saber que estáis invitados. ¡¡Nos vemos en Doniños!! 

19/4/2014

HISTORIAS. Víctor y Nacho Montenegro, Nicolás Pita y Ángeles Vega (parte 2).



Hace unos días publicamos en el blog la primera parte de la entrevista que hace meses hicimos a Nacho y Víctor Montenegro, Nicolás Pita y Ángeles Vega (si aún no has leído la primera parte de la entrevista, te recomendamos que pinches AQUÍ), pioneros del surf gallego, y en concreto de la playa de Patos. En esa primera parte nos contaban sus inicios, y todo el camino que hubieron de recorrer para hacerse con sus primeras tablas. Un camino emprendido prácticamente en solitario, y al que años más tarde se sumarían nuevos compañeros, tanto locales, como venimos de otros países:

Nicolás.- Los “Australian people” aparecieron por Patos en el año 1974. Recordamos la fecha perfectamente  porque Ángeles y yo ya estábamos casados y aún no teníamos hijos. Era una maravilla verles surfear. Su nivel era altísimo, sobre todo comparado con el nuestro. Nos parecía que hacían verdaderas virguerías sobre las olas. El suyo era un surf de olas pequeñas y tablón, en cierto modo el surf al que nosotros aspirábamos entonces. Pero verlos en el agua llevaba las cosas a otro nivel. Ellos fueron los que nos enseñaron las nociones básicas de este deporte.

Víctor.- Tan pronto como los vimos los asaltamos. Para mí su llegada fue fundamental, ya que tras la visión que años atrás había tenido de aquel día de olas grandes en Patos y del “humanoide”, nuestro encuentro con ellos fue lo que me confirmó, y de un modo definitivo, que Patos era un lugar en el que podíamos practicar surf en condiciones.

Nicolás.- Tras ellos, hubo otros australianos que también resultaron fundamentales para el desarrollo del surf en Patos. Nosotros no comenzamos a surfear en el Pico, sino en la playa. La verdad es que ni nos lo habíamos planteado antes, y no porque no viésemos allí mejores olas que las que cogíamos en Prado. Pero las rocas imponían mucho.

Un año vimos entrar allí a unos neozelandeses. Más tarde, unos dos años después, otro grupo de australianos también eligió el Pico para meterse al agua. Fue entonces cuando nos animamos nosotros y descubrimos las bondades del Pico. Este grupo de australianos se quedó más tiempo en Patos, unos tres meses, lo que nos permitió entablar con ellos una relación más cercana.

Víctor.- Eran tres, y cuando llegaron a Patos llevaban varios meses de viaje por Europa.

Nicolás.- Al parecer una de las causas de su larga estancia con nosotros fue que cuando llegaron a Patos estaban casi sin dinero. Una vez a la semana les dejábamos que viniesen hasta casa para ducharse, lavar la ropa, e incluso dormir. Así que entre su simpatía, y nuestra admiración, se puede decir que de algún modo los proahijamos.

José Irisarri.- La verdad es que Ángeles y Nicolás los tenían a cuerpo de rey, por lo que fue normal que se quedasen tanto tiempo.


Ángeles.- Sus nombres eran Paul, Peter, y del tercero no me acuerdo. Uno de ellos se puso enfermo, y como no tenían dinero, conseguimos que lo repatriasen de vuelta a Australia gratis en un barco de mercancías que partió desde Vigo. Pasados unos meses, recuerdo que la madre nos envió una emotiva carta para agradecernos nuestras gestiones y atenciones.

Nicolás.- Tras el descubrimiento del Pico, aún pasarían unos cuantos años hasta empezamos a entrar en la izquierda de Monteferro. La descubrimos un día en el que el Pico estaba grande, con unos olones de impresión. Una cosa ...

Pero el descubrimiento del Pico de Patos, una de las olas más conocidas y concurridas en Galicia en la actualidad, fue compartido con los que unos meses antes habían sido los nuevos compañeros en el agua de Víctor, Nacho, Ángeles y Nicolás.

Nicolás.- Nuestros primeros cinco años como surfistas transcurrieron prácticamente en soledad, hasta que un día, en el verano de 1975, aparecieron apoyados en la barandilla de la playa un montón de chavalitos: los Irisarri.

Nacho, Víctor y yo habíamos estudiado con Vicente, que era el más cercano a nosotros en edad, en los jesuitas, por lo que ya nos conocíamos antes del encuentro. Fueron los estudios universitarios los que hicieron que se perdiese el contacto durante algunos años. Su aparición en la playa fue todo un revulsivo para nosotros. Hasta que no se hicieron con sus propias tablas los recuerdo perfectamente apoyados en la barandilla esperando a que alguno de nosotros saliese del agua para que les dejásemos probar. Después, y ya con sus propias tablas, el verlos llegar a la playa era como ver una película de dibujos animados de temática surfística, con siete personajes alborotados, cada uno de una edad y altura distintas, con una tabla bajo el brazo, entrando a la vez, y de modo apresurado, al agua.

Nacho.- De golpe el número de surfistas en Patos se había triplicado. Sin embargo tras su llegada, no hubo en años nuevas incorporaciones al grupo, aunque sí mucha gente, al igual que durante los primeros años, que lo probó esporádicamente, pero que no siguió.


Alberto Irisarri.- De principios de los ochenta, destacaría a Chonchi Montenegro, sobrino de Víctor y Nacho, que debió empezar a surfear en 1982. De él se puede decir que fue el primer surfista que realmente llegó a dominar el Pico de Patos. Vivía el surf de un modo más extremo que nosotros. De hecho se puede decir que su figura encarnaba a quien hoy llamaríamos un “soul surfer”. Fue a la primera persona a que vimos anteponer el surf sobre lo demás aspectos de la vida.

Nicolás.- Muchas de las tablas que tuvieron los Irisarri pasaron primero por mí. Se puede decir que yo se las pasaba rodadas: la Dick Brewer, la Bilbo, la primera Rufo’s, “la rojita”, y muchas otras que tuve después. Y como ellos eran muchos, tenía en la familia unos clientes excepcionales.

José Irisarri.- En nuestra defensa, hemos de decir que Nicolás era especialmente hábil para hacerse con tablas malas. En un viaje a Santander se hizo con una de los Fiochi con la que era realmente muy difícil coger olas o realizar cualquier giro. Eso sí, era una preciosa tabla de color azul y amarillo. Y como ésta, pasaron por él otras malísimas que a los pocos meses de comprarla, y tras ver su mal resultado, intentaba deshacerse de ellas. Como nuestros conocimientos eran nulos, nos dejábamos guiar, al igual que Nicolás en sus compras, por la estética de la tabla, y la más bonita, o la que más nos gustaba por su color o dibujos, era la que nos llevábamos.


Nicolás.- Viéndolo ahora, nos resulta evidente que nuestros inicios estuvieron marcados por los nulos conocimientos que teníamos sobre surf. Aunque disponer de aquella primera tabla, la Barland, una tabla que era casi de profesional, era todo un privilegio, la verdad es que resultaba poco útil para unos iniciados como nosotros. Y como con ésa nos pasó con otras tablas. Hoy los chavales aprenden fácilmente con las tablas de escuela, grandes, voluminosas y relativamente ligeras. Incluso hasta seguras. Las nuestras eran de todo menos propicias para aprender. Cuando ya supimos de la importancia del volumen, aunque las tablas eran grandes, resultaban especialmente pesadas. Nuestro aprendizaje fue en base a un proceso de experiencia acumulativa: prueba / error, prueba / error, hasta que dimos con lo que realmente nos funcionaba. Así que se puede decir que por mí pasaron unas cuantas tablas que no me acabaron de convencer.


También es de destacar que al contrario que la gente de La Coruña, que enseguida comenzó a fabricarse sus propias tablas, nosotros encontramos en los viajes nuestra principal fuente de suministro de material. Tras aquel primer viaje con Víctor a Biarritz en 1969, fue común que todos los veranos, sobre todo a partir del año en el que nos casamos, que fuésemos a pasar unos días a Francia. Esos viajes nos servían además para entrar en contacto con surfistas de otras zonas, como Carlos, el escayolista de Avilés, los Gandaria, … . En nuestra ruta por el cantábrico teníamos marcadas una serie de paradas obligatorias en donde intentábamos siempre hacernos con alguna tabla u otro tipo de material: esas paradas eran Santander, Zarautz, y como no, nuestro destino final, Biarritz.

Además de “la rojita”, que como ya te contamos compró Ángeles en una tienda de Gijón, todos guardamos especial recuerdo de la Dick Brewer, una tabla preciosa de color azul y amarillo, de una sola quilla, y cola pin-tail, pero muy desgastada. Estaba deslaminada, por lo que pesaba bastante. Fue la tabla con la que aprendieron todos los Irisarri. De hecho fue su primera tabla. La Dick Brewer fue comprada por Ángeles a Jesús Fiochi en un viaje a Santander que hizo con dos amigas en el año 1974. La Cordingley la compramos en Zarautz en una tienda. La persona que nos atendió nos contó que originariamente la tabla media 3 metros, pero la habían cortado. El dueño de la tabla, que era también el copropietario de la tienda, estaba de viaje. Nos atendió su novia. Aunque al principio nos dijo que la tabla no estaba en venta, al final, y tras mucho insistir, le convencimos para que nos la vendiese. Años más tarde supimos que el dueño de la tabla era Iñigo Letamendia. La Cordingley fue una de las tablas de mi vida, junto con la primera que le compré a Rufo. Se la vendí, y será de algo de lo que siempre me arrepentiré, a un chaval que llamábamos “Musculitos”, que era carpintero. Tras la venta le perdí la pista y nunca más supe de ella.

Nacho.- Mi primera tabla fue una Freedom, y después tuve una Santa Marina de color azul.

Nicolás.- Aquellos viajes suponían toda una experiencia, y rompían en cierto modo el aislamiento surfístico en el que vivíamos. Cuando en medio del viaje nos cruzábamos con un coche que llevaba tablas, pitábamos y parábamos para saludarnos, aunque fuésemos en direcciones distintas. Para nosotros aquello era precioso. Existía, entre todos los que compartíamos aquella pasión, una cierta complicidad de tribu. Se iba a ciegas a los sitios, y si encontrabas a alguien que también surfease, era extraordinario. Existía un gran compañerismo.

Ángeles.- Todos estos acontecimientos los viví en primera persona ya que iba con ellos a todas partes. He de reconocer sin embargo que fueron muy pocas las veces que logré ponerme de pie. Cuando lo intentaba solía caerme. Lo que sí que hacía era coger las olas tumbada, y ¡¡llegaba hasta la orilla!!!

Nicolás.- Otro de nuestros destinos predilectos era Portugal. Curiosamente la costa portuguesa, desde la perspectiva del surf, la descubrimos en uno de nuestros viajes a los almacenes Somartis. A finales de los setenta comenzamos a viajar asiduamente a Portugal por dos nuevas aficiones que teníamos: los peces y los caballos. En España casi no había mercado de acuariofilia, así que teníamos que viajar hasta Viana do Castelo para incorporar nuevos ejemplares a nuestro acuario. Además, y en la trasera del almacén, había un picadero en el que montábamos a caballo. Y claro, en esos viajes, sobre todo a partir del momento en que comenzamos a conocer las virtudes del oleaje de la costa Norte de Portugal, nos acompañaban también las tablas. De camino a Somartis pasábamos por Afife. Ancora era otro de los sitios habituales al que solíamos ir. Moledo siempre lo vimos pero nos dio miedo por las corrientes. Descubrir las playas de Portugal, que entonces eran unos arenales solitarios, absolutamente libres de surfistas, nos resolvió nuestro problema de falta de olas durante el verano. De todos modos en los setenta cruzar la frontera era toda una aventura. Y no sólo por llevar aquellos grandes tablones en las bacas del coche que solían despertar sospechas, o al menos curiosidad. Pasar a otro país no era como ahora. Primero estaba la cola en el puente sobre el Miño. Después te tenían que dar el folio de carta verde para pasar. El viaje que te lleva hoy una hora se podía convertir fácilmente en tres horas. Pero era difícil resistirse a las expectativas que aquella costa nos creaba.


Víctor.- El contacto con el grupo de surfistas de La Coruña no se produjo hasta el año 1975. Nacho estaba estudiando allí aparejadores, así que nos imaginamos que fue a través de él que supimos de la celebración de un campeonato de surf en la playa del Orzán. Y allí nos fuimos. Cuando llegamos, y sacamos la Barland, que era muy pequeña con respecto a las tablas normales de la época, recuerdo que la gente de La Coruña pensaron que deberíamos ser muy buenos por ir con una tabla tan pequeña.

Nacho.- Recordamos bien la fecha, porque aprovechando el campeonato nos sacamos el carnet de federados. A la gente de La Coruña la conocí en mis años de estudiante en la ciudad herculina. Cuando paseaba por el Orzán, o Riazor, era fácil verlos desde las barandillas de la playa. Gracias a ellos, y a que en alguna ocasión me dejaron sus tablas, pude también probar las olas coruñesas, aunque en mis años de estudiante, al menos en La Coruña, no surfeé mucho. Me acuerdo por supuesto de Rufino, de Tito y, como no, de Carlos Bremón. Y también de Jose, con su inconfundible barba y albornoz.

Nicolás.- En aquel campeonato del Orzán, tanto Ángeles, que compitió con otras dos chicas, como yo, nos llevamos un buen susto. A Ángeles le cogió una serie de olas en la orilla que no le dejaban salir; y a mi se me rompió el invento cuanto estábamos bastante alejados, y me costó un montón regresar hasta la orilla.

Nicolás.- El tener acceso a tan poca información sobre surf, hizo que cualquier cosa vinculada a él la recibíamos como un gran acontecimiento. Por ejemplo el estreno en España de “El gran miércoles”. Creo que la llegamos a ver 28 veces al menos. Fue en esa película donde vimos hacer por primera vez, lo que nosotros llamaríamos un “Donlurio”. Nos parecía especialmente divertido el compartir una ola con un amigo e ir cruzándonos por la pared. De hecho era muy común también que en una misma ola fuésemos todos a los que nos llevase. El “Donlurio” era algo así como la gran maniobra de la época para nosotros, y viéndolo hoy, con la perspectiva que da el tiempo, es sin duda una excelente muestra del espíritu que se vivía en el agua, en el que el compartir era algo fundamental para nosotros.

16/4/2014

VIDEOS. El archivo fotográfico de los Pita-Motenegro.



Mientras le doy los últimos retoques a la segunda parte de la entrevista realizada a Víctor y Nacho Montenegro, Nicolás Pita y Ángeles Vega, creo que es buen momento para recuperar el video que edité el pasado mes de agosto con buena parte de su archivo fotográfico y algunas de las declaraciones que he intentado reproducir en la entrevista. Son más de tres horas de grabación con sus relatos y también con buena parte de la historia de la familia Irisarri, que espero pronto dé lugar a otra entrevista.

Mi idea es terminar durante estos días de vacaciones la segunda parte del texto, así que los que habéis disfrutado con la primera, próximamente tendréis una nueva entrega.

13/4/2014

HISTORIAS. Victor Montenegro, Nacho Montenegro, Nicolás Pita y Ángeles Vega (parte 1).



Es imposible contar la historia de los hermanos Montenegro, Víctor y Nacho, sin contar la de Nicolás Pita y Ángeles Vega. Es por ello, y tras darle muchas vueltas, que he decidido reunir a los cuatro en esta entrevista. Y no sólo porque los cuatro hayan compartido muchas vivencias y posiblemente algunos de los mejores momentos de sus vidas, sino también porque la conjunción de sus personalidades diferentes, pero perfectamente complementarias, explican el cómo de los inicios del surf en el Sur de Galicia, y concretamente en la playa de Patos.

Pero si normalmente ya es complicado entrevistar a una persona a la que apenas conoces, y sobre la cuál casi no dispones de información antes de tu primer encuentro, hacerlo con cuatro a la vez lo hace todo aún más difícil. Sin embargo, y en este caso, la situación cambia cuando además de a ellos cuatro, reunes a otros cinco animosos hermanos, los Irisarri, grandes conocedores de la historia del surf, que hacen que la conversación se convierta en un verdadero torrente de historias, datos, anécdotas, discusiones, bromas y carcajadas, muy entretenido de escuchar, aunque también difícil de reproducir después en un papel. Y más cuando son muchos los acontecimientos y fechas que se discuten, lo que obliga a volver atrás durante la conversación en varias ocasiones, con objeto de que todos los puntos de la historia queden perfectamente ordenados y aclarados. La animosa conversación que se estableció durante los dos días que me reuní con ellos, me permitió, más que con otros entrevistados, el poder acercarme en pocas horas, y de un modo muy próximo, a las personas que protagonizaron estas historias. Definirlos en pocas palabras resulta de todos modos complicado. En medio de la conversación, y referido en términos surfísticos, Balbi Irisarri destacaba de Víctor su constancia permanente, de Nacho su habilidad sobre la tabla y de Nicolás su estilo, a lo que yo añadiría después de lo escuchado y de haberlos conocido un poco, la voluntad, el idealismo y la ilusión de Víctor, la practicidad y el análisis objetivo de Nacho, el inquietud y la efusividad de Nicolás, y la perseverancia y el gusto por el detalle de Ángeles. Todo ello les llevó a crear casi un mundo propio en el que muchas de las cosas giraban entorno al surf, mundo que sale a relucir durante la conversación en varias ocasiones a través de sus experiencias y los comentarios de sus amigos:

Ángeles.- Entre nosotros nos llamábamos los “Neiros”, que era en realidad una abreviatura a “Surfineiros”. Como yo era la única chica era la “neira”, y ellos eran neiro Nicolás, neiro Víctor y neiro Nacho.

Nicolás.- He de reconocer que éramos un poco bohemios para el estandar normal de la época. Nos encantaba la naturaleza, los caballos, y todo lo que tuviese que ver con el mar, en donde el surf ocupaba un lugar muy importante.

Pero si sus historias ya son de por sí solas interesantes, creo que esta entrevista tiene especial valor porque difunde un capítulo de la historia del surf en Galicia no tan conocido y al que no se le ha dado tanta relevancia. Mientras que en La Coruña se formaba un núcleo de surfistas que con los años fue creciendo en número, y por tanto en repercusión y reconocimiento, el núcleo que se creó en Patos quedó reducido durante años al pequeño círculo primigenio que formaban los cuatro, hasta que a mediados de la década de los setenta se produce la llegada de los hermanos Irisarri. Ese aislamiento, ha llevado a que, y a pesar de la relevancia de hechos como el de posiblemente haber sido los primeros surfistas gallegos, su historia no haya sido suficientemente reconocida.


Nicolás.- Existen versiones muy distintas sobre los orígenes del surf aquí en Vigo, por lo que es muy importante que la historia quede recogida. Recuerdo por ejemplo una vez en el que navegando en un catamarán, cogimos muy malas condiciones de mar, con olas en altamar de 5 metros. En una de las olas que cogimos, el catamarán se giró a la derecha, y recuerdo que una de las personas con las que iba le exclamé: ”¡¡parece que vamos surfeando en una ola!!”. Ante mi exclamación esa persona me contestó y me dijo: “¡¡Coño!!, ¿y qué sabes tú de surf?”. Le conté que lo había comenzado a practicar hacía unos años, y que había sido uno de los primeros en la playa de Patos, tras lo que me preguntó “¡Ah!, entonces, ¿te enseñaron los Irisarri?”.


He intentado ser lo más fiel posible a las expresiones de cada uno de los entrevistados, y aunque evidentemente resulta imposible reflejar el intenso debate en el que se desarrollaron las más de 7 horas de charla, el resultado es éste. Con vosotros los primeros “surfineiros” de la playa de Patos.

Víctor.- La primera vez que vimos una tabla de surf, y por tanto el momento en el que se puede decir que nos entró ese gusanillo, por llamarlo de alguna manera, fue con una de las películas de super 8 que alquilaba nuestro padre en la Agrupación Fotográfica de Vigo. A finales de los años cincuenta, me imagino que al igual que en otras ciudades de España, se abrió en Vigo el primer fotoclub, en donde se podían alquilar películas y documentales que veíamos en casa con un proyector. Normalmente la selección de mi padre estaba compuesta por cinco títulos, de los cuales cuatro eran fijos: una película de dibujos animados, una de vaqueros, un documental y una de color. Entre los documentales, había películas de casi todos los países, y entre ellas una con imágenes de Hawaii. Como no podía ser de otra manera, tratándose de una película sobre Hawaii, en medio del filme salían unas escenas de surf, grabadas en la playa de Waikiki, con aquellos tablones primitivos de la época del Duque. El ver a aquellas personas deslizándose ligeramente sobre las olas fue lo hizo que me picase el gusanillo del surf. Estamos hablando de finales de los años 50, o tal vez principios de los 60. Sin embargo tras aquella película, la cosa quedó olvidada por un tiempo, hasta que un día, aquí en Patos, que era la playa a la que veníamos la familia, y precisamente en la zona del pico, me encontré con un oleaje impresionante. Había unas olas que yo les calculo de una altura de dos metros para arriba. Entonces el gusanillo continuó. Recuerdo que pensé: “entonces, esto se puede hacer también aquí en Patos”. Aquella visión me llevó a plantearme el siguiente paso: ¿y por qué no hacemos nosotros una tabla? Pensé, la podríamos probar aquí en Patos y ver que pasa. A mí me había entusiasmado ver aquel deporte en aquella película. No me digas por qué. Y ver aquellas olas, aquel día, era la confirmación que necesitaba para saber que el surf se podía también hacer aquí.

Nacho.- Seguramente nos llegaron también otras influencias, aunque no las recordamos de un modo tan consciente como aquella película. También en los sesenta se publicaron muchos de los discos de los Beach Boys, en varias de cuyas portadas aparecían imágenes de surfistas o de tablas de surf. Y todo ello en una época en la que no sé por qué, existía un especial interés por Hawaii, su cultura, su estética, …

Es también en esta época cuando la gente comienza a acercarse a las playas. Nuestra preferida era Patos. ¿Por qué? La elección de Patos era bien sencilla. De todas las playas de los alrededores de Vigo era la más próxima a la ciudad que mantenía a finales de los sesenta un aspecto más natural. De modo que a aquella playa íbamos los que preferíamos una playa más salvaje y natural, frente a otras más cercanas o con mejores accesos. También era una de las más abiertas, y tal vez por ello no había casi bañistas. Es decir, nos juntábamos allí los que apreciábamos lo natural y lo salvaje. Era también una playa con un ambiente muy hippy, y que era muy frecuentada por extranjeros, sobre todo alemanes, que pasaban temporadas en el camping que existía entonces.


Víctor.- Unos cuantos años después de haber visto la película, y haber experimentado aquel día de temporal en Patos, también aquí, vi al fondo la figura de una persona, un “humaniode” como le llamé entonces, cogiendo una ola sobre una tabla de surf. No pude identificar de quién se trataba, aunque posiblemente se tratase de algún extranjero de los que estaban acampados en el camping, un surfista, posiblemente australiano, de viaje por el sur de Europa en busca de olas, y que tras cruzar la costa cantábrica, se había detenido en Patos antes de dirigirse rumbo a Portugal.

Pero aquella visión me verificó que efectivamente aquí se podía hacer surf. Aunque no pude hablar con aquella persona, este encuentro visual supuso el impulso definitivo para que nos decidiésemos a intentar construir nuestras primeras tablas con la idea firme de hacer surf.

Hablé con un amigo que era portugués, y que trabajaba el foam en una empresa que se dedicaba a fabricar aislamientos para congeladores y otras aplicaciones. Hicimos una tabla de foam, sin nada de resina ni fibra, ya que pensamos que con la espuma sería suficiente. La tabla resultó ser una verdadera chapuza, muy rudimentaria, sin quilla ni nada. Para mejorar el acabado pensamos en darle algo de color, ya que toda blanca no se separaba mucho de un vulgar recubrimiento de una máquina de helados como los que hacía mi amigo. Pero cuando lo pintamos, la pintura reaccionó con la espuma, y el acabado ya fue nefasto. Tras aquel primero intento hubo una segunda prueba.

Nacho.- La idea de fabricar esa primera tabla seguramente surgiese de Nicolás, ya que siempre ha sido muy inventor. Muchas veces su reacción, cuando ha visto algo que no había manera de conseguir aquí, ha sido: ¡¡eso lo puedo fabricar yo!!. Y posiblemente eso fue lo que pasó con la tabla y lo que pasó más tarde con el skate.

En la segunda prueba, en realidad construimos dos tablas. Una muy grande y otra como de un metro veinte de longitud pero de un grosor considerable. De hecho parecía casi un submarino. El espesor era de unos 25 centímetros, de nuevo totalmente de foam, aunque ya bastante denso. Pero aquello fue también un fracaso absoluto. Cuando la fuimos a probar, y en la primera ola, Víctor ya dejó la rodilla clavada en el poliespán. Desgraciadamente, aquella tabla la acabamos perdiendo en el mar.

Víctor.- Los acabados eran muy malos. Todo el proceso lo hacíamos nosotros, ayudados sólo por las pequeñas nociones que nos había dado mi amigo: el corte del foam, el lijado, …, y como no teníamos ni idea, el resultado final era un absoluto desastre.


Sin embargo aquellos intentos fallidos nos hicieron ver que la construcción por nuestra cuenta no iba a ser la solución para resolver el problema de no tener acceso a una tabla. Fue entonces, ese mismo verano, cuando llegó a nuestra manos una revista de surf, posiblemente francesa. En ella había un anuncio en blanco y negro en la que se hablaba de la Barland, una fábrica de tablas de surf que se encontraba en Bayona. Así que sin pensárnoslo dos veces, cargamos el coche de conservas y nos fuimos rumbo a Francia a por un artefacto de los de verdad. Llegar al país galo fue toda una proeza. En aquel primer viaje fuimos Ángeles, Nicolás y yo. El viaje lo hicimos en mi 600. Ahora lo pienso y había que tener vocación para emprender aquel viaje. Tardamos dos días en llegar.

Todos estos acontecimientos, es decir, la visión del “humanoide”, los intentos de fabricación de las primeras tablas, el descubrimiento de la revista de surf, y el viaje a Francia, se produjeron en muy pocos meses, concretamente durante el verano de 1969. Tras aquello creo que los cuatro éramos conscientes que ya no había vuelta atrás posible.

Ángeles.- La tabla finalmente no se compró en el taller de Barland, sino en la tienda de Jo Moraiz en Biarritz.

Víctor.- No lo recuerdo bien, aunque sí que sé que estuvimos tanto en la fábrica de Bayona como en la tienda. Como no teníamos ni idea del asunto, de todas las tablas que vimos nos compramos aquella que nos pareció más bonita. Equivocadamente pensamos que una tabla pequeña sería más fácil de manejar y por tanto más sencilla para aprender, así que compramos casi la más pequeña que había en la tienda, y claro, cuando la estrenamos en Patos, no había quien se pusiera de pie, lo que supuso una desmolarización total. La tabla mediría aproximadamente 1,78 metros, era un poco más alta que nosotros. Además de la tabla compramos también una baca para poder traer la tabla de vuelta a Vigo. No me acuerdo del precio de la tabla, aunque sí de que supuso un desembolso importante, lo que sería el equivalente a un sueldo mensual de hoy. La tabla la guardamos en el hotel todas las noches, pero no la llegamos a probar en aguas francesas.

Lo que no recuerdo es como supimos de la necesidad de emplear parafina, aunque nosotros empleábamos cera de vela y tacos de parafina que comprábamos en una droguería que había en la Alameda de Bouzas. Sin embargo el tener aquella primera tabla, no nos facilitó muchas las cosas. De hecho los inicios fueron muy desmolarizantes.

Nacho.- A pesar de ello no nos rendimos, y eso que en alguna ocasión cundió el desánimo. Imagínate, haber viajado hasta Francia, y aunque no fuimos conscientes de ello hasta años más tarde, haber traído una tabla que no era la adecuada para aprender. Tardamos casi un año en ser capaces de ponernos de pie y disfrutar realmente del surf. Por cierto, y llegados a este punto, habrá que decir, que yo fui el primero el ponerme de pie en la tabla. ¡¡¡Je, je, je!!!


Nicolás.- Con la de Víctor, como única tabla para los cuatro, pasamos casi dos años, turnándonosla para usarla, hasta que en 1972 Ángeles me regaló mi primera tabla. Era de color rojo y amarillo, y de hecho le pusimos de nombre “la rojita”. No me preguntes si la tabla era buena, pues entonces no tenía criterio para poder evaluarla. Yo sólo sé que cogía olas con ella, a pesar de que era muy estrecha y tenía muy poco rocker.

Ángeles.- El proceso de compra de esta tabla fue muy curioso. Por aquel entonces yo trabajaba de secretaria en un despacho de abogados. Había días en los que la actividad era muy poca, así que un día cogí una guía de teléfonos, y me puse a buscar tiendas de deportes por toda la costa cantábrica en busca de alguna en la que vendiesen tablas de surf. Sabía que en Galicia no había ninguna, así que mi recorrido comenzó en Asturias. En aquellos años las guías eran de toda España, y no estaban como hoy organizadas por provincias, así que el trabajo fue minucioso. Sin embargo, y gracias a que no había tantos teléfonos como hoy, la búsqueda no resultó inabarcable. La tienda más cercana a Vigo en la que localicé una tabla fue en “Deportes As” de Gijón. Bueno en realidad más que una, tenían dos tablas a la venta. Aún guardamos la factura y la carta de confirmación de que había una tabla que nos podían vender. El dueño de la tienda, ante mi interés, se ofreció a llevarme las tablas hasta la playa de Espasante, a donde iba a ir a pescar.

Nicolás.- Un día, recuerdo que era primavera, Ángeles me dijo que teníamos que ir a un sitio que se llamaba Espasante, en la costa de Lugo, ya que había quedado allí con unas personas. El motivo del viaje era que me tenía una sorpresa preparada. ¡¡Válgame Dios!!, pensé yo. ¿Dónde está eso?. Recuerdo que aún no estábamos casados, porque le pedimos permiso a su padre. En total fueron seis horas de viaje desde Vigo. Cuando llegamos y nos encontramos con los señores, y vi la tabla, …, bueno aquello fue la pera. Cuando tenía la tabla en mis manos he de reconocer que me emocioné. Me quedé alucinado. ¡Qué tabla!. Recuerdo que leí “Roger Foam from California”, por lo que pensé que esa sería la marca de la tabla. A pesar de que no había olas, y de que estaba lloviendo, la tenía que probar allí mismo, así que cuando la tabla ya era nuestra me fui directo al agua en bañador, aunque sólo fuese para remar con ella en las aguas tranquilas del puerto de Espasante. Cuando me senté sobre ella en el agua, no veía tabla por ningún lado. Tenía tan poco volumen que estaba totalmente hundida. Al salir, cuando Ángeles me preguntó qué tal, le dije, “¡¡Bárbara, bárbara!!”, aunque en realidad salí decepcionado y pensaba, “me pongo encima y la tabla se hunde”. ¡No veía la punta ni la cola!. No flotaba porque era muy delgada. Esto hizo que la tabla tuviese un segundo nombre, además de cómo “la rojita”, la apodamos también como “el submarino”.

Ángeles.- La tabla costo ocho mil trescientas pesetas, mi sueldo mensual.


Nicolás.- Durante todos aquellos años surfeamos los cuatro prácticamente en solitario, ya que salvo Nacho, Víctor, Ángeles y yo, los demás que lo probaron lo dejaron enseguida, sin continuidad alguna. El salto cuantitativo se produjo en 1975 con la aparición de los Irisarri.

Pero antes de los Irisarri, hubo un hecho que cambio nuestra evolución y nuestra perspectiva como surfistas. Este hecho fue la llegada de un grupo de tres australianos a Patos. La llegada de los “Australian people”, como los llamábamos, fue para nosotros un verdadero antes y un después.

(Continuará ...).

12/4/2014

ARTE. Pintando.es











Hace ya algún tiempo que publiqué una foto similar a la primera de esta entrada en el blog. La foto la saqué en Fene, y creo que el graffiti, en el que se representa a una T3 con el portón trasero abierto y que parece circular a toda velocidad, decora el muro de un instituto que hay allí.

Navegando por internet no sé como llegué a una foto similar a la mía, y desde allí a pintando.es, web de Pablo López Blanco, autor no sólo de este graffiti, sino de otros que podemos encontrar en nuestra ciudad y alrededores. 

8/4/2014

HISTORIAS. La travesía.


Guardo en casa algunas viejas revistas de música. Cada cierto tiempo hago limpieza, pero antes de deshacerme de ellas, me gusta releerlas por si finalmente decido quedármelas o conservar algún artículo. Hoy le estaba dando una segunda oportunidad a un Rockdelux en el que Arcade Fire aparecía en portada. En la entrevista el grupo habla de una canción de título "Surf City Eastern Block", que fue escrita tras una visita al museo Mauer en Berlín, en dónde se recogen las historias de los muchos intentos, algunos mediante métodos inverosímiles, para cruzar el muro de Berlín durante la Guerra Fría. La canción, que trata con "humor" el tema, cuenta la historia de un surfista que intentó atravesar el muro deslizándose sobre su tabla.

Tras terminar de leer la entrevista, enseguida me vino a la mente la viñeta de El Roto que ilustra esta entrada. Cuando la vi publicada la guardé. El dibujo creo que en su día encontró inspiración en los hechos ocurridos en Ceuta y tras los cuales 15 inmigrantes murieron ahogados, al intentar cruzar la frontera a nado. Hace dos días me avergonzaban de nuevo otras imágenes. Estas mostraban a un grupo de inmigrantes, subidos a la valla que delimita la frontera, todos ellos con heridas producidas por los cortes de las cuchillas con las que se han "adornado" las vallas. Tras seis horas encaramados en la verja entonando gritos de libertad, eran devueltos, sin ser identificados, a Marruecos.

El tema de la inmigración es demasiado complejo para tratarlo aquí, pero deberíamos preguntarnos si estos hechos son propios de un país que dice considerarse desarrollado y en el que se nos cuenta que impera un mínimo de justicia. A mí al menos me avergüenzan. No niego que haya que establecer controles en las fronteras, pero estas prácticas me parecen una barbaridad.

6/4/2014

HISTORIAS. Valencia (parte 2).












Había estado en Valencia hace 10 años, antes de la llegada de Fórmula 1, la Copa América, la visita del Papa y la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Aquel había sido un viaje relámpago de los de verdad. Recuerdo que llegamos casi a la 1 de la madrugada, y a las 11 de día siguiente ya estábamos de vuelta. Así que apenas tuvimos tiempo de ver la ciudad. De lo poco que vimos, recuerdo que me había llamado muchísimo la atención la intervención que se había hecho en el cauce del Turia, el cual se había convertido en una arteria verde de la ciudad. Pero si algo recuerdo de aquel viaje fue el haber cenado el arroz más rico que he tomado nunca. Realmente increíble.

Esta vez he estado dos días, y he tenido tiempo de conocer la ciudad algo más. Como visitante, el sitio que a priori debería atraer todas mis atenciones era la Ciudad de las Artes y las Ciencias, pero si he de ser sincero, de todo lo visto fue lo que menos me gustó. De elegir me quedó con la parte vieja de la ciudad, con sus monumentos y edificios, dignos de ver. Con las avenidas amplias en el entorno del ayuntamiento, con las aceras más limpias que he visto en mucho tiempo. Con el ambiente que hay en sus calles, y con unos helados buenísimos que me tomé. En cuanto a la obra de Calatrava, he de reconocer que en general no me gusta, y en este caso, como en muchas de sus construcciones, lo que me transmiten es que su espectacularidad, que es impresionante, avasalla a la belleza y la funcionalidad, hasta un punto que casi me cuesta encontrarlas. De hecho me llamó la atención que salvo turistas como yo, había poca gente local que se aproximase a los edificios. Mientras que en el resto de los jardines del Turia la actividad y el ir y venir de paseantes y corredores era continuo, en esta zona reinaba una tranquilidad extraña. Me pasó algo parecido en el puerto con las instalaciones de la Copa América, absolutamente solitarias, imponiéndose sobre los depósitos y almacenes históricos del puerto, muy bien rehabilitados y de aspecto realmente agradable.

Sin duda una ciudad de grandes contrastes.